jueves, 18 de diciembre de 2014

Kandinsky y la consagración de un nuevo arte.


Calle de Murnau con mujer, W. Kandinsky, 1918.
Uno de los más famosos pintores pioneros del "nuevo arte" fue, sin duda, Vassily Kandindsky (Moscú, 16 de diciembre de 1866- Nully-suer-Seine, 13 de diciembre de 1944). Bajo su poderosa influencia han nacido otras muchas tendencias abstractas del arte, no sólo ejercida mediante su genuina y novedosa pintura sino también, mediante su no menos importante obra teórica. Hace dos días conmemorábamos el aniversario de su nacimiento y aprovecho la ocasión para hablar un poco de un tema que ya rondaba en mi cabeza.


 Composición VII, W. Kandinsky, 1913.
Mi interés aquí es el de cuestionarnos qué llevó a Kandinsky a dar este salto tan grande en la concepción del arte. Como ocurre siempre, confluyen aspectos biográficos junto con otros inherentes a su tiempo (tal como comentábamos en el post de sociología del arte vienés). En 1910, a sus 44 años, terminaba su manuscrito De lo espiritual en el arte, que fue muy discutido en aquellos años. En él volcó diez años de pensamientos con la intención de despertar la capacidad de captar lo espiritual en lo material y abstracto. Muchas de las ideas que allí propuso y que no realizó, las llevaron a cabo otros artistas. Lo curioso es que, prueba del poderoso influjo de las circunstancias históricas es que, sin tener conocimiento de ello y casi simultáneamente,  cristalizaban en otros países ideas parecidas a las del moscovita. Franz Kupka y su orfismo-París, 1911-, Kasimir Malevich y su suprematismo-Munich, 1913- y Piet Mondrian y su neoplasticismo holandés- Holanda, 1913-. Diferentes nombres pero la misma esencia: dejaron de tomar la realidad como modelo- realismo- para proclamar la independencia total del color y de la forma- abstracción-.

Piet Mondrian.
Suprematismo, Malevich, 1915

Blanco sobre blanco, K. Malevich, 1918.
La ruptura de la estabilidad generada por los avances científicos tuvieron su parangón en el mundo artístico. La Teoría de la relatividad de Einstein (1905), la desintegración del núcleo del átomo de Rutherford (1919) en cierta manera, son el correlativo de otras rupturas. En la música, el pacífico mundo de la armonía consonante se quiebra  con la irrupción del dodecafonismo de Schömberg y el atonalismo, de armonías disonantes a las que todavía hoy no ha logrado acostumbrarse el oído. En las artes plásticas, la falla, precedida por los efímeros ismos- impresionismo, postimpresionismo, cubismo, fauvismo...- es ahora más radical. Se rechaza la imitación, se incluye lo feo en la representación, lo estridente, se representan formas puras (círculos, cuadrados, puntos, líneas) y la vorágine desemboca en el cuadro Blanco sobre blanco de Malevich, la abstracción total de la pintura. Tiene su claro eco 44 años más tarde (he caído en la cuenta mientras escribo) en la composición musical de John Cage 4'33" y su silencio total. Bien podría haber sido el canto del cisne de las artes, pero sí fue el final de uno de sus caminos.

The rite of spring- La consagración de la primavera, Igor Stravisnky (1913).

En esos años Henry van de Welde escribió su tesis  doctoral (Kunstgewerbliche Laienpredigten, Lepizig, ed. Hermann Seeman Nachfoger, 1902) en la que augura el futuro de las artes. <<Las banales teorías de la imitación, que dominan nuestra estética gracias a la dependencia absoluta de los conceptos aristotélicos (...) nos han vuelto ciegos a los valores psíquicos que son punto de partida  y meta de toda producción artística. (...) Pero junto a esta metafísica de lo bello existe otra superior que abarca el arte en toda su dimensión y que más allá de toda interpretación materialista se manifiesta en toda la creación. Esta (...) se basa en la idea de que toda producción artística no es sino la constatación continua del gran enfrentamiento en que se encuentra desde los comienzos (...) el hombre y su entorno.>> (1) El mundo contiene trigo y paja, realidades bellas y feas y esto es lo que aquí se acepta y el arte también lo hará. (2)

In blue, W. Kandinsky, 1925.
Kandinsky tuvo dos impresiones artísticas que contribuyeron a fraguar el cambio de rumbo: <<La primera fue la exposición francesa en Moscú- en primer lugar el Montón de Heno de Monet- y una representación de Wagner en el Teatro Imperial de Lohengrin. (...) De pronto vi por 1ª vez un "cuadro". El catálogo me aclaró que se trataba de un montón de heno. Me molestó no haberlo reconocido. (...) Sin embargo comprendí con toda claridad la fuerza insospechada, hasta entonces escondida, de los colores, que iba más allá de todos mis sueños.>> y he aquí la clave: <<Al mismo tiempo se desacreditó por completo el objeto como elemento necesario del cuadro.>> A partir de entonces su pintura irá cambiando hacia una abstracción cada vez más radical con formas puras formadas a partir de líneas, no ya del color. En una sinestesia perfecta, el color crea emoción y las líneas, colocadas de forma estudiada, producen ritmo y una tensión al modo de la música. Kandinsky revolucionó el arte aunque no halló el éxito en vida. Él nos enseñó a disfrutar del arte sin necesidad de ver la realidad plasmada en ella. Lo desmaterializó, le dotó de musicalidad acercándose y acercándonos a lo espiritual del arte.

Composición X, W. Kandinsky, 1939.

Notas
(1) Max Bill en la introducción de KANDINSKY, Wassily, De lo espiritual en el arte, Barral Editores Editorial Labor, Barcelona, pág. 12.
(2) Parte de esta filosofía es la que subyace en Demian de H. Hesse en relación a la bondad y maldad. El Dios Abraxas que él admira (y que según él, todos buscamos), celebra y contiene todas esas realidades oscuras del hombre. 
         

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Los genios y su ¿locura?

Estas últimas semanas, un poco desaparecida de combate tras mis primeros relatos, leía de cuando en cuando un libro muy ilustrativo acerca de los genios. Un estudio que compila y revisa otros muchos sobre la personalidad y psique de estos seres extraordinarios: El genio y la locura, de Philippe Brenot. Tanto para quienes quieran conocer los fundamentos de la genialidad, como para los propios artistas y creadores, su lectura les aportará muchas luces.


Beethoven, Joseph Daniel, 1823 y Autorretrato de Goya, 1773. Dos grandísimos genios de fuerte carácter reflejado en sus obras. 
Ya desde la Antigüedad, Aristóteles había observado con acierto que los hombre geniales eran con frecuencia melancólicos. Tanto la asignación de una paternidad a su inspiración- divina, profana, demoníaca...- como su consideración social han ido cambiando a lo largo de los siglos. En la actualidad, con los crecientes estudios de psiquiatría y psicoanálisis, ha sido posible estudiar de forma científica la posible interrelación entre el genio y la locura. El concepto de locura se ha ido matizando distinguiéndose ahora otras afecciones como la depresión, neurosis, psicosis, bipolaridad, etc. Hasta entonces, en el siglo XIX, se encerraban en manicomios a todos aquellos que transgredieran el orden social, considerados un "peligro"- político, principalmente-. Fue el caso de muchísimos artistas en fases agudas de desequilibrio pero también de los "artistas degenerados" en la época nazi que, aunque no los encerraron, fueron rechazados por su inconveniencia política.

Es central en la investigación la constatación de que en la mayoría de los genios analizados- no sólo artistas sino filósofos y científicos- existe una psicopatía denominada actualmente ciclotimia o trastorno de bipolaridad -aunque su afección no implique ser genio-. Esta particularidad, que alterna períodos de depresión y de exaltación- "manía"-, constituye su gran fuente de energía en los momentos de exaltación. Se ha comprobado que los períodos de fuertes depresiones que muchos de ellos han sufrido, han cristalizado en obras o hallazgos geniales en la exaltación que les suceden, como el Mesías de Haendel, compuesto en 1731 tras superar una depresión. Gérard de Nerval explica así estos momentos: "En ocasiones notaba mi fuerza y mi actividad redobladas: me parecía saberlo todo, comprenderlo todo; la imaginación me ofrecía deleites infinitos." (1)      
                          
Uno de los números del Mesías que más me ha impactado y realmente emocionado por su fuerza y significado. Me falta espacio para escribir sobre ella, pero Haendel aquí tocó el cielo. Acorde al tiempo de Adviento.  

Sucede algo así como una catarsis gracias a la obra, que a su vez es catalizada mediante la depresión en su punto álgido. Pero cuando no se canaliza mediante la creación o la depresión es tan fuerte que inhibe todo intento, se llega entonces a la locura. Genio y locura, por tanto, son dos caras de una misma estructura psíquica que conviven en un difícil equilibrio: la locura influye en el genio y el genio la atenúa. Una prueba de ello es que muchos, tras haber superado para siempre una crisis, perdieron con ella el sello personalísimo de sus obras que las hacían geniales, como E. Munch y Giorgio de Chirico. Sin embargo, cuando los cambios son muy bruscos se traspasa la frontera de la razón y la libertad y desbocados por su locura, muchos se arrojaron a los brazos del suicidio maldito (2). Por ello se ha planteado la conveniencia de su "curación" y parece que lo sea únicamente en el caso de que peligren sus vidas o pidan ayuda, procurando preservar siempre su creatividad (3).

Aquí puede observarse ese cambio en Giorgio De Chirico: su obra conocida es la perteneciente a la "pintura metafísica" muy melancólica y de epacios solitarios y extratemporales (1ª obra: Misterio y melancolía de una calle). La 2ª, de sus últimos años: El caballo se ha ido
Parece ser necesaria la asociación de tres condiciones para el desarrollo del genio: "un factor energético al que se es propenso, las aptitudes particulares de un ambiente cultural fértil y el azar de los acontecimientos de la vida de la presencia o ausencia del medio paterno" (4). Es muy curioso que en la literatura la ausencia del padre (por muerte natural, desaparición o por rechazo) es una constante para la eclosión del genio y se corrobora con la multitud de seudónimos en este campo- un tipo de "asesinato" sutil-, a penas inexistentes en la música o las artes plásticas. En la misma línea, el apoyo de la madre los catapulta al éxito: "Si eres un Dios para tu madre, eres un Dios para el mundo.", Jean-Marc Alby (5). En el lado opuesto, deja heridas profundas, como le ocurrió a Camille Claudel, cuya madre no le reconocía como hija y terminó en el manicomio.

Fatasiestücke de Schumann (1837) interpretada por Jaqueline Du Pré. Es una obra melancólica de un compositor cuya obra frenética iba al compás de terribles depresiones y contrastes que acabó con su locura y suicidio. Jaqueline también fue desdichada y vierte en la interpretación su melancolía catártica.

Aunque podríamos seguir diciendo muchas peculiaridades fascinantes de estos seres excepcionales, voy a terminar con un detalle que me llamó la atención, casi al final del libro. Dice así: "El genio es, en general un hombre. A parte de algunos nombres que afloran a los labios de todos(...), los seres fuera de lo común raramente son mujeres." Me llegó al alma esta aseveración, si bien es cierto que la matiza con otros estudios que critican este hecho histórico y cuya superación aquí defiendo: "el colonialismo masculino que reivindica exclusivamente para él la flor preciosa de la creatividad, limitando a la mujer, en el mejor de los casos, a ser su musa muda o maternalmente atenta...". 

¿No hablábamos hace unas semanas sobre Alma Mahler y su creatividad ahogada? Fue voluntaria, pero dolorosa. Asimismo, el sexo masculino, siempre predilecto de las madres y favorecedor de su desarrollo, ha eclipsado el de las hermanas. Algunas de las composiciones de Fanny Mendelsson fueron originariamente publicadas bajo el nombre de su hermano, Félix Mendelsson. ¿Y recuerdan el caso de George Sand y su seudónimo masculino? Pues hay un hallazgo muy reciente que les va a maravillar: estudiando la caligrafía de las partituras de J.S. Bach se ha comprobado que la fuerza del trazo de algunas zonas indican no ser una mera transcripción de Anna Magdalena Bach, ¡sino su composición! Con la democratización actual y nuestra tenacidad, la lista de "genias" se engrosará porque saldrán a la luz.
La familia Bach. (Johan Sebastian, Anna Magdalena e hijos: familia de compositores interminable :) ).

Posts relacionados: 
"La maldición de las letras" (relato)
                       
Notas
(1) En su libro Amelia citado en BRENOT, Philippe, El genio y la locura, editorial Sine Quanon. Barcelona, 1998, pág. 148.
(2) Es importante esta apreciación, porque lo que se pensaba que era un acto libérrimo, la muerte romántica, es una suma de la historia personal, posición filosófica pero sobre todo: un componente biológico fuerte en el que, sobrepasado cierto límite, la atracción del suicidio parece irresistible.
(3) Hay varios niveles de curación: conductual mediante terapias, psicoterapias y psicoanálisis o de manera química (antidepresivos, etc.).
(4) Op. cit., pág. 232.
(5) Op. cit., pág. 106.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Mis aforismos III: Cor meum.

Dibujo de Van Gogh.
Un amor limpio y profundo puede extinguir todas las fealdades de uno, sus sombras y sus pequeños o grandes odios.

Descubrir que la persona amada habita en uno y te acompaña a donde vayas es un arte y una delicia.

El amor tiene ese sino que cuando se descubre y es puro llega a doler, sobre todo porque somos materia, almas encerradas en cuerpos. Eso limita nuestra sed de infinitud, nuestra sed de romper todas las barreras que nos separan del otro. Y así, nuestra vida se convierte en una lucha de fuerzas hasta calmar ese anhelo.


Cuando son dos y ya no más uno, se vive por dos y las tristezas de uno son iluminadas por las alegrías del otro y las alegrías se multiplican y la felicidad es común y por eso, doble.

Tú eres como el arte: bello e "inútil" pero necesario para que yo viva. 


Las hojas y la lluvia caen a nuestro alrededor, pero en mi corazón es primavera porque tú vas a mi lado.


Boceto de Noche estrellada, Van Gogh, 1889.
Nadie merece ser la muleta de otra. Cuando se llevan muletas se pierde la oportunidad de averiguar quiénes somos, nuestros límites, nuestra capacidad resolutiva. Seguramente, encontrará uno que es cojo al principio, vulnerable, pero en el proceso se va conociendo y aceptando sus imperfecciones. Entonces, se es capaz de ser amado.

El egoísmo es el mayor obstáculo para amar. De ahí que haya que menguar uno para que crezca el otro. 

Hay días alegres, días melancólicos, atardeceres del alma. Pero qué bellos son los atardeceres, sin los cuales no habría amanecer.

Atardecer sobre el Pisuerga (Valladolid), fotografía propia.

El mundo se sostiene por las personas bellas a las que habría que hacer un monumento por su dedicación callada a los demás.

En el equilibrio entre el "yo" y el "tú" está la perfecta relación de amor, como dos círculos independientes que se enlazan en un extremo voluntariamente.

Y ahora entendemos tantas cosas... el sudor y lágrimas del pasado no han hecho sino hacer brillar el presente y hacerte brillar a ti, mi estrella.

-¿Y de quién será tu corazón?
- De quien lo cure- sonreía.

La vida tiene sentido cuando hay un amor que la sustenta.

Felix Nussbaum,

Posts relacionados: Mis aforismos II: Senderos de vida.
                                  Mis aforismos I: sobre la creación artística.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El tren da media vuelta.


Es invierno y todavía sigo con el mismo abrigo de hace diez años. Bueno, exagero, ocho años, la última vez que vi a mi tío Igor, que me lo regaló. Sasha me ha dicho mil veces que debo comprar otro, que parezco un mendigo y que voy a enfermar. Y ninguna de esas afirmaciones parece carecer de lógica, pero es que el dinero se me va entre el papel pautado, la tinta, calentar la habitación y la manutención de la buena de Sasha… Lleva siendo mi criada desde hace varios años, cuando me fui de casa a los diecisiete para estudiar en el conservatorio de San Petersburgo. Entonces, las relaciones con mi familia no eran malas, o no lo parecían. Pero mi madre dejó de hablarme unos años después. Nuestras diferencias se hicieron patentes en la distancia, que, como agua que se enfría lentamente, se congela. Los demás le siguieron sin preguntarse por qué. Pero eso no viene ahora al caso.
No sé cuidar de mí mismo. Puedo estar sin comer casi nada cuando trabajo, que es siempre. Sasha es mi reloj terrenal, me devuelve a la vida real. En el mío, sólo la duración de las notas establece la medida, el avance de la música o su respiración. Para acallar este barullo incesante de mi cabeza, debo salir cada noche a oír otros sonidos distintos o me paso un rato por la taberna con mis amigos. A estas horas mis pensamientos sufren una especie de bloqueo. Caminar les sienta bien: el círculo vicioso en que habían entrado, pierde su inercia como por arte de magia y comienzan a enlazarse de distintas formas. Viene la claridad.

Me acerco a la estufa¸ que mantiene el salón caliente, y echo las pruebas fallidas de la sinfonía. No es una habitación muy grande, pero es mi refugio. Los pequeños objetos que he ido añadiendo la han hecho más acogedora. Aquí paso todo el día en diálogo conmigo y con mis musas. Pero tanta soledad me angustia… Sólo me vuelve más huraño y no compongo mejor en su triste compañía, como solía pensar… Me abotono el raído abrigo y bajo las escaleras de dos en dos para entrar en calor. Me coloco bien el gorro de piel y los guantes de lana y salgo. Siento el gélido aire petersburgués en las mejillas y los ojos se me van llenando de polvito blanco. Está nevando.
Iluminación en San Petersburgo, Fyodor Vasyliev, 1869.
Me gusta llevar conmigo su retrato, dentro de una pequeña cápsula dorada colgando de una cadena que guardo en un bolsillo del abrigo. Lo saco de vez en cuando y lo contemplo. Su espíritu me acompaña, esté donde esté. El eco del lejano tren que entra en la ciudad, rebota en las calles silenciosas llegando hasta mis oídos. Su paso es veloz, como el de los minutos, que traen oportunidades invisibles para el ojo adormecido y cuando uno se da cuenta, ya se han ido... ¿Será tan cruel la vida que no me deje retroceder y tomar el mío? Llego a la plaza, atraído por el murmullo de esos seres felices patinando sobre el lago congelado. Las luces de gas, reflejadas en la superficie blanquecina, se mezclan con los colores de los abrigos de los patinadores, dando una imagen brumosa de agradable sensación. Mi amigo Fyodor Vasilyev debería pintarlo.

¿Por qué me parecen todos tan iguales, como cortados por el mismo patrón? ¿Acaso están conformes con sus vidas? Les miro con envidia, su simpleza es preferible a mi angustia vital. Quisiera parecerme a ellos, pero la tristeza me ha endurecido el corazón. Sí, niña, no me mires así, no trates de comprenderme. Aunque quisiera aprender a mirar como tú las cosas… Sí, eso lo he olvidado. Si al menos ella... ¿Pero qué digo? Eso no será posible.

Sonata para viola, Glinka (1804-1857), interpretado por Yuri Bashmet.

Mientras camino, el ruido va quedando como bordón de fondo que se apaga dando paso, como a un solista, al golpeteo de mis zapatos sobre el suelo húmedo. Evito las calles que frecuentan mis amigos, la conversación me molesta cuando quiero escuchar mis pensamientos. La música invade tanto mi tiempo que casi no puedo pensar en otra cosa hasta la noche. Pero nunca sabes cuándo va a venir a visitarte la inspiración. He tenido que despertarme varias veces para terminar algo que no me salía despierto.
Voy por calles estrechas donde apenas pasa un coche de caballos. Una pareja se besa, les lanzo una mirada severa y continúo con paso firme. Una lágrima corre por mis mejillas secas.  ¡Darya! ¿¡Dónde estás!? Fue hace dos años cuando te dejé ir miserablemente, no te pedí la mano y te dije que estaba casado con... mi obra. ¡Ceguera estúpida y prepotente! He ido desmejorando cada día, consciente del error que cometí y no me lo perdono. Ella daba valor a mi vida, que ha quedado vacía.
Saco mi petaca y tomo un trago de vodka. Además de calentarme me lleva a una esfera paradisíaca del olvido, de la inconsciencia de mis miembros y del mundo físico. Todo pasa a un segundo plano, irreal, sí, pero estoy mejor durante unas horas. La nieve ha ido formando una capa gruesa en el suelo y hay que ir con cuidado. El aullido de un gato me saca de mis pensamientos. ¡Tengo que llegar a casa! Será el motivo principal de una elegía de amor para ella.
Subo los escalones a toda prisa, siento como una llamada que me arrastra de esta manera y no puedo más que seguirla. En casa, el calor me acoge como un beso en la mejilla. Enciendo el quinqué con cuidado de no despertar a Sasha, que duerme en la habitación contigua. Voy sintiendo consuelo a medida que brotan las notas sobre el pentagrama. Me digo que estoy haciendo lo correcto. Un ruido en la cocina me despista, será otra cucaracha y puede esperar, esto no. De pronto, la luz se apaga extrañamente, pues la mecha es larga y hay suficiente aceite. ¡Qué frío me ha entrado por la espalda! Siento que hay alguien más y muy cerca de mí... ¿Sasha?
-Nikolái. -Algo me toca el hombro y salto de la silla tirando el bote de tinta al suelo.
-¡Diablos!, ¿QUIÉN ERES? ¿¡Cómo has entrado!?
-Soy el padre de Darya. No puedo explicarte mucho. –Temblando, enciendo de nuevo el quinqué y aparece ante mis ojos: tenía el rostro blanquecino y el traje, hecho jirones por la pierna. Qué extraño todo.- Ella te quiere, Nikolái, aunque ha estado muy dolida. Dale esto y sabrá que tienes mi consentimiento.- Me acerca su mano y me da su anillo con el sello de la familia.
- ¡Conde Alekséi! ¿Pero cómo ha llegado hasta aquí? ¿Qué significa...?
- Apunta, ¡rápido! Plekhanova Ulitsa, encima de la panadería, el quinto piso.- Escribo rápido sobre lo que pillo. ¿Es un sueño? Mi asombro es mayor cuando giro la cabeza y veo que ya no está. Me asomo a la puerta y no se oye nada. Estoy confuso. Todo me da vueltas y...

                                                                               *  *  *
Amanecer en San Petersburgo, Fyodor Vasyliev
 -Sasha, ¡eres tú! Por un momento pensé que era... Ah, gracias por el café. ¿Anoche oyó algo extraño?
-Sí, soy yo, claro. No oí nada, pero usted debió de pasar mala noche, viendo cómo estaba todo el suelo. Pero ya está limpio, no se preocupe.
-Ah... gracias, gracias. -Sobre la mesilla veo el anillo, la obra casi terminada. Me había quedado dormido con la ropa puesta. Sonrío... Había atraído hacia mí ese tren perdido...! ¡Todavía me queda esperanza! Recito despacio un padrenuestro, paladeando esas palabras que hacía tiempo había dejado de usar. Le digo a Sasha que me prepare el traje de conciertos y que esté listo un coche dentro de quince minutos. Termino la pieza. Será ahora mi obra de petición de mano.
¡No puedo creer que viva ahora tan cerca! La mañana me parece preciosa. Le pido al cochero que pare un momento. Ahí, sí. Quiero comprarle unas flores: gladiolos blancos y rojos. Tiemblo de emoción, pero voy confiado. Al llegar a la calle Plekhanova me lanzo al edificio. La doncella me comunica que está dándose un paseo por el parque. Qué más da un minuto más o menos, ¡ella es mi destino! Me fijo en las personas que pasean, pero no la encuentro. Es sábado y la gente ha salido a la calle, eso lo dificulta. Aguarda, Nikolái. ¡Esto es una cita a ciegas! Me acerco a un café y... Ahí está. Se gira, sintiendo mi mirada sobre ella. Su expresión muestra sorpresa, aunque ¡también parece como si me hubiera estado esperando durante tanto tiempo...!
-Darya... Perdóname... no sé cómo decirte cuánto te he buscado y cuánto me he equivocado...-Me arrodillo, le doy las flores y agacho la cabeza avergonzado. Conmovida, me la levanta y me mira a los ojos comprensivamente. Su dulce rostro estaba por fin ante mí ¡y me perdonaba!
-Anoche tu padre vino a mi casa. Fue muy extraño, no lo comprendo... Me dio esto para ti. Gracias a él te he encontrado y le estoy eternamente agradecido... Estaba componiendo precisamente una obra para ti, cuando vino. Permíteme entregártela y interpretártela hoy mismo. ¡Oh, Darya Dariyovna, qué feliz me hace poder verte!- Mira con detenimiento el anillo y la partitura que estaba enrollada dentro. ¿Qué pensará? Entiendo que me guardes recelo... Su rostro ha cambiado ahora, reluce la paz en sus ojos. Me mira segura, ha tomado una decisión.
-Mi padre murió atropellado diez días atrás... -Su mirada me llenaba el alma tanto que mis ojos no habían reparado hasta ahora en el negro de su vestido. Se me eriza el vello de los brazos. A pesar de su tristeza, algo brilla en ella. Nos miramos con complicidad.  Veo el sí en sus ojos y el amanecer de mi inocencia, en su reflejo.  

A railway station VI, Marta Zamarska,


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Tchaikovski y Tolstoi: primer encuentro.