jueves, 18 de diciembre de 2014

Kandinsky y la consagración de un nuevo arte.


Calle de Murnau con mujer, W. Kandinsky, 1918.
Uno de los más famosos pintores pioneros del "nuevo arte" fue, sin duda, Vassily Kandindsky (Moscú, 16 de diciembre de 1866- Nully-suer-Seine, 13 de diciembre de 1944). Bajo su poderosa influencia han nacido otras muchas tendencias abstractas del arte, no sólo ejercida mediante su genuina y novedosa pintura sino también, mediante su no menos importante obra teórica. Hace dos días conmemorábamos el aniversario de su nacimiento y aprovecho la ocasión para hablar un poco de un tema que ya rondaba en mi cabeza.


 Composición VII, W. Kandinsky, 1913.
Mi interés aquí es el de cuestionarnos qué llevó a Kandinsky a dar este salto tan grande en la concepción del arte. Como ocurre siempre, confluyen aspectos biográficos junto con otros inherentes a su tiempo (tal como comentábamos en el post de sociología del arte vienés). En 1910, a sus 44 años, terminaba su manuscrito De lo espiritual en el arte, que fue muy discutido en aquellos años. En él volcó diez años de pensamientos con la intención de despertar la capacidad de captar lo espiritual en lo material y abstracto. Muchas de las ideas que allí propuso y que no realizó, las llevaron a cabo otros artistas. Lo curioso es que, prueba del poderoso influjo de las circunstancias históricas es que, sin tener conocimiento de ello y casi simultáneamente,  cristalizaban en otros países ideas parecidas a las del moscovita. Franz Kupka y su orfismo-París, 1911-, Kasimir Malevich y su suprematismo-Munich, 1913- y Piet Mondrian y su neoplasticismo holandés- Holanda, 1913-. Diferentes nombres pero la misma esencia: dejaron de tomar la realidad como modelo- realismo- para proclamar la independencia total del color y de la forma- abstracción-.

Piet Mondrian.
Suprematismo, Malevich, 1915

Blanco sobre blanco, K. Malevich, 1918.
La ruptura de la estabilidad generada por los avances científicos tuvieron su parangón en el mundo artístico. La Teoría de la relatividad de Einstein (1905), la desintegración del núcleo del átomo de Rutherford (1919) en cierta manera, son el correlativo de otras rupturas. En la música, el pacífico mundo de la armonía consonante se quiebra  con la irrupción del dodecafonismo de Schömberg y el atonalismo, de armonías disonantes a las que todavía hoy no ha logrado acostumbrarse el oído. En las artes plásticas, la falla, precedida por los efímeros ismos- impresionismo, postimpresionismo, cubismo, fauvismo...- es ahora más radical. Se rechaza la imitación, se incluye lo feo en la representación, lo estridente, se representan formas puras (círculos, cuadrados, puntos, líneas) y la vorágine desemboca en el cuadro Blanco sobre blanco de Malevich, la abstracción total de la pintura. Tiene su claro eco 44 años más tarde (he caído en la cuenta mientras escribo) en la composición musical de John Cage 4'33" y su silencio total. Bien podría haber sido el canto del cisne de las artes, pero sí fue el final de uno de sus caminos.

The rite of spring- La consagración de la primavera, Igor Stravisnky (1913).

En esos años Henry van de Welde escribió su tesis  doctoral (Kunstgewerbliche Laienpredigten, Lepizig, ed. Hermann Seeman Nachfoger, 1902) en la que augura el futuro de las artes. <<Las banales teorías de la imitación, que dominan nuestra estética gracias a la dependencia absoluta de los conceptos aristotélicos (...) nos han vuelto ciegos a los valores psíquicos que son punto de partida  y meta de toda producción artística. (...) Pero junto a esta metafísica de lo bello existe otra superior que abarca el arte en toda su dimensión y que más allá de toda interpretación materialista se manifiesta en toda la creación. Esta (...) se basa en la idea de que toda producción artística no es sino la constatación continua del gran enfrentamiento en que se encuentra desde los comienzos (...) el hombre y su entorno.>> (1) El mundo contiene trigo y paja, realidades bellas y feas y esto es lo que aquí se acepta y el arte también lo hará. (2)

In blue, W. Kandinsky, 1925.
Kandinsky tuvo dos impresiones artísticas que contribuyeron a fraguar el cambio de rumbo: <<La primera fue la exposición francesa en Moscú- en primer lugar el Montón de Heno de Monet- y una representación de Wagner en el Teatro Imperial de Lohengrin. (...) De pronto vi por 1ª vez un "cuadro". El catálogo me aclaró que se trataba de un montón de heno. Me molestó no haberlo reconocido. (...) Sin embargo comprendí con toda claridad la fuerza insospechada, hasta entonces escondida, de los colores, que iba más allá de todos mis sueños.>> y he aquí la clave: <<Al mismo tiempo se desacreditó por completo el objeto como elemento necesario del cuadro.>> A partir de entonces su pintura irá cambiando hacia una abstracción cada vez más radical con formas puras formadas a partir de líneas, no ya del color. En una sinestesia perfecta, el color crea emoción y las líneas, colocadas de forma estudiada, producen ritmo y una tensión al modo de la música. Kandinsky revolucionó el arte aunque no halló el éxito en vida. Él nos enseñó a disfrutar del arte sin necesidad de ver la realidad plasmada en ella. Lo desmaterializó, le dotó de musicalidad acercándose y acercándonos a lo espiritual del arte.

Composición X, W. Kandinsky, 1939.

Notas
(1) Max Bill en la introducción de KANDINSKY, Wassily, De lo espiritual en el arte, Barral Editores Editorial Labor, Barcelona, pág. 12.
(2) Parte de esta filosofía es la que subyace en Demian de H. Hesse en relación a la bondad y maldad. El Dios Abraxas que él admira (y que según él, todos buscamos), celebra y contiene todas esas realidades oscuras del hombre. 
         

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Los genios y su ¿locura?

Estas últimas semanas, un poco desaparecida de combate tras mis primeros relatos, leía de cuando en cuando un libro muy ilustrativo acerca de los genios. Un estudio que compila y revisa otros muchos sobre la personalidad y psique de estos seres extraordinarios: El genio y la locura, de Philippe Brenot. Tanto para quienes quieran conocer los fundamentos de la genialidad, como para los propios artistas y creadores, su lectura les aportará muchas luces.


Beethoven, Joseph Daniel, 1823 y Autorretrato de Goya, 1773. Dos grandísimos genios de fuerte carácter reflejado en sus obras. 
Ya desde la Antigüedad, Aristóteles había observado con acierto que los hombre geniales eran con frecuencia melancólicos. Tanto la asignación de una paternidad a su inspiración- divina, profana, demoníaca...- como su consideración social han ido cambiando a lo largo de los siglos. En la actualidad, con los crecientes estudios de psiquiatría y psicoanálisis, ha sido posible estudiar de forma científica la posible interrelación entre el genio y la locura. El concepto de locura se ha ido matizando distinguiéndose ahora otras afecciones como la depresión, neurosis, psicosis, bipolaridad, etc. Hasta entonces, en el siglo XIX, se encerraban en manicomios a todos aquellos que transgredieran el orden social, considerados un "peligro"- político, principalmente-. Fue el caso de muchísimos artistas en fases agudas de desequilibrio pero también de los "artistas degenerados" en la época nazi que, aunque no los encerraron, fueron rechazados por su inconveniencia política.

Es central en la investigación la constatación de que en la mayoría de los genios analizados- no sólo artistas sino filósofos y científicos- existe una psicopatía denominada actualmente ciclotimia o trastorno de bipolaridad -aunque su afección no implique ser genio-. Esta particularidad, que alterna períodos de depresión y de exaltación- "manía"-, constituye su gran fuente de energía en los momentos de exaltación. Se ha comprobado que los períodos de fuertes depresiones que muchos de ellos han sufrido, han cristalizado en obras o hallazgos geniales en la exaltación que les suceden, como el Mesías de Haendel, compuesto en 1731 tras superar una depresión. Gérard de Nerval explica así estos momentos: "En ocasiones notaba mi fuerza y mi actividad redobladas: me parecía saberlo todo, comprenderlo todo; la imaginación me ofrecía deleites infinitos." (1)      
                          
Uno de los números del Mesías que más me ha impactado y realmente emocionado por su fuerza y significado. Me falta espacio para escribir sobre ella, pero Haendel aquí tocó el cielo. Acorde al tiempo de Adviento.  

Sucede algo así como una catarsis gracias a la obra, que a su vez es catalizada mediante la depresión en su punto álgido. Pero cuando no se canaliza mediante la creación o la depresión es tan fuerte que inhibe todo intento, se llega entonces a la locura. Genio y locura, por tanto, son dos caras de una misma estructura psíquica que conviven en un difícil equilibrio: la locura influye en el genio y el genio la atenúa. Una prueba de ello es que muchos, tras haber superado para siempre una crisis, perdieron con ella el sello personalísimo de sus obras que las hacían geniales, como E. Munch y Giorgio de Chirico. Sin embargo, cuando los cambios son muy bruscos se traspasa la frontera de la razón y la libertad y desbocados por su locura, muchos se arrojaron a los brazos del suicidio maldito (2). Por ello se ha planteado la conveniencia de su "curación" y parece que lo sea únicamente en el caso de que peligren sus vidas o pidan ayuda, procurando preservar siempre su creatividad (3).

Aquí puede observarse ese cambio en Giorgio De Chirico: su obra conocida es la perteneciente a la "pintura metafísica" muy melancólica y de epacios solitarios y extratemporales (1ª obra: Misterio y melancolía de una calle). La 2ª, de sus últimos años: El caballo se ha ido
Parece ser necesaria la asociación de tres condiciones para el desarrollo del genio: "un factor energético al que se es propenso, las aptitudes particulares de un ambiente cultural fértil y el azar de los acontecimientos de la vida de la presencia o ausencia del medio paterno" (4). Es muy curioso que en la literatura la ausencia del padre (por muerte natural, desaparición o por rechazo) es una constante para la eclosión del genio y se corrobora con la multitud de seudónimos en este campo- un tipo de "asesinato" sutil-, a penas inexistentes en la música o las artes plásticas. En la misma línea, el apoyo de la madre los catapulta al éxito: "Si eres un Dios para tu madre, eres un Dios para el mundo.", Jean-Marc Alby (5). En el lado opuesto, deja heridas profundas, como le ocurrió a Camille Claudel, cuya madre no le reconocía como hija y terminó en el manicomio.

Fatasiestücke de Schumann (1837) interpretada por Jaqueline Du Pré. Es una obra melancólica de un compositor cuya obra frenética iba al compás de terribles depresiones y contrastes que acabó con su locura y suicidio. Jaqueline también fue desdichada y vierte en la interpretación su melancolía catártica.

Aunque podríamos seguir diciendo muchas peculiaridades fascinantes de estos seres excepcionales, voy a terminar con un detalle que me llamó la atención, casi al final del libro. Dice así: "El genio es, en general un hombre. A parte de algunos nombres que afloran a los labios de todos(...), los seres fuera de lo común raramente son mujeres." Me llegó al alma esta aseveración, si bien es cierto que la matiza con otros estudios que critican este hecho histórico y cuya superación aquí defiendo: "el colonialismo masculino que reivindica exclusivamente para él la flor preciosa de la creatividad, limitando a la mujer, en el mejor de los casos, a ser su musa muda o maternalmente atenta...". 

¿No hablábamos hace unas semanas sobre Alma Mahler y su creatividad ahogada? Fue voluntaria, pero dolorosa. Asimismo, el sexo masculino, siempre predilecto de las madres y favorecedor de su desarrollo, ha eclipsado el de las hermanas. Algunas de las composiciones de Fanny Mendelsson fueron originariamente publicadas bajo el nombre de su hermano, Félix Mendelsson. ¿Y recuerdan el caso de George Sand y su seudónimo masculino? Pues hay un hallazgo muy reciente que les va a maravillar: estudiando la caligrafía de las partituras de J.S. Bach se ha comprobado que la fuerza del trazo de algunas zonas indican no ser una mera transcripción de Anna Magdalena Bach, ¡sino su composición! Con la democratización actual y nuestra tenacidad, la lista de "genias" se engrosará porque saldrán a la luz.
La familia Bach. (Johan Sebastian, Anna Magdalena e hijos: familia de compositores interminable :) ).

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"La maldición de las letras" (relato)
                       
Notas
(1) En su libro Amelia citado en BRENOT, Philippe, El genio y la locura, editorial Sine Quanon. Barcelona, 1998, pág. 148.
(2) Es importante esta apreciación, porque lo que se pensaba que era un acto libérrimo, la muerte romántica, es una suma de la historia personal, posición filosófica pero sobre todo: un componente biológico fuerte en el que, sobrepasado cierto límite, la atracción del suicidio parece irresistible.
(3) Hay varios niveles de curación: conductual mediante terapias, psicoterapias y psicoanálisis o de manera química (antidepresivos, etc.).
(4) Op. cit., pág. 232.
(5) Op. cit., pág. 106.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Mis aforismos III: Cor meum.

Dibujo de Van Gogh.
Un amor limpio y profundo puede extinguir todas las fealdades de uno, sus sombras y sus pequeños o grandes odios.

Descubrir que la persona amada habita en uno y te acompaña a donde vayas es un arte y una delicia.

El amor tiene ese sino que cuando se descubre y es puro llega a doler, sobre todo porque somos materia, almas encerradas en cuerpos. Eso limita nuestra sed de infinitud, nuestra sed de romper todas las barreras que nos separan del otro. Y así, nuestra vida se convierte en una lucha de fuerzas hasta calmar ese anhelo.


Cuando son dos y ya no más uno, se vive por dos y las tristezas de uno son iluminadas por las alegrías del otro y las alegrías se multiplican y la felicidad es común y por eso, doble.

Tú eres como el arte: bello e "inútil" pero necesario para que yo viva. 


Las hojas y la lluvia caen a nuestro alrededor, pero en mi corazón es primavera porque tú vas a mi lado.


Boceto de Noche estrellada, Van Gogh, 1889.
Nadie merece ser la muleta de otra. Cuando se llevan muletas se pierde la oportunidad de averiguar quiénes somos, nuestros límites, nuestra capacidad resolutiva. Seguramente, encontrará uno que es cojo al principio, vulnerable, pero en el proceso se va conociendo y aceptando sus imperfecciones. Entonces, se es capaz de ser amado.

El egoísmo es el mayor obstáculo para amar. De ahí que haya que menguar uno para que crezca el otro. 

Hay días alegres, días melancólicos, atardeceres del alma. Pero qué bellos son los atardeceres, sin los cuales no habría amanecer.

Atardecer sobre el Pisuerga (Valladolid), fotografía propia.

El mundo se sostiene por las personas bellas a las que habría que hacer un monumento por su dedicación callada a los demás.

En el equilibrio entre el "yo" y el "tú" está la perfecta relación de amor, como dos círculos independientes que se enlazan en un extremo voluntariamente.

Y ahora entendemos tantas cosas... el sudor y lágrimas del pasado no han hecho sino hacer brillar el presente y hacerte brillar a ti, mi estrella.

-¿Y de quién será tu corazón?
- De quien lo cure- sonreía.

La vida tiene sentido cuando hay un amor que la sustenta.

Felix Nussbaum,

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                                  Mis aforismos I: sobre la creación artística.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La mentalidad de Viena en la decadencia del Imperio en el arte.

Tras haber hablado de la relación entre Mahler y Alma, quiero tratar aquí cómo era la sociedad vienesa de fin de siglo en que vivieron y su influencia en la creación de unas determinadas obras de arte que compartían una intención común: la de mostrar el interior del artista.

Ópera estatal de Viena.
Al estudiar las obras de arte, los historiadores del arte, unas veces han recurrido al método biográfico, que pretende encontrar las causas de la obra en la biografía del artista. Otras muchas, se han servido del método formalista, buscando sus antecedentes en los estilos precedentes. Pero ninguno de estos enfoques son suficientes por sí mismos, para explicar la obra de arte. Al contrario, son un compendio de muchos factores, entre los que no hay que olvidar la mentalidad de la época, abordada en el método sociológico, que será nuestro enfoque. Las obras de arte son hijas de su tiempo, bien porque están influenciadas por su mentalidad, o porque arremeten contra ella. Detrás de cada época hay un pensamiento y unas circunstancias que estarán ligadas necesariamente a las obras que engendra, lo cual no significa que las determinen. 


El tránsito del siglo XIX al XX en Europa, pasó, de la lucha de clases y la filosofía de Karl Marx, al acceso de los trabajadores al poder y la novedosa interpretación de la realidad de Freud. La incipiente formación del Estado social permitió la formación de una sociedad, no de masas sino de de individuos. Los antiguos conflictos de la esfera social se transformaron en sus conflictos internos. Así ocurrió con la élite artística e intelectual de la Viena de fin de siglo.





Por entonces, siendo la capital del Imperio Austrohúngaro, tuvo lugar en Viena, como canto del cisne en medio de la decadencia del Imperio, una eclosión de la intelectualidad y del arte. Cuenta Stefan Zweig en El mundo de ayer la intensa relación que existía entre científicos, filósofos, literatos y artistas. Se reunían en los conciertos, conferencias, el teatro y especialmente, en los cafés vieneses, donde intelectuales y bohemios hablaban de las últimas novedades del mundo. Así ocurría con Bruckner y sus jóvenes discípulos, a cuyas reuniones acudía Mahler en alguna ocasión. (1) También visitó a Freud, pues "cualquiera de los líderes culturales de la ciudad podía trabar conocimiento con cualquiera de los otros sin dificultad mayor y de hecho, muchos de ellos eran amigos íntimos." (2) Cuenta de ello, eran las amistades de Alma y Mahler y la variedad de personas con que se relacionaban todas de alto calado artístico. (3) (Retrato de Adolf Loos, Kokoschka, 1909)

El panorama social había dado un giro de 180 grados: no sólo por el acceso de las masas a la vida pública, sino porque el equilibrio que había existido entre los sexos opuestos se quebró con el potente y unánime alzamiento de las mujeres en favor de sus derechos. En estas circunstancias, la sexualidad se convirtió en Viena, en el foco de atención de numerosos estudios científicos por parte de psicólogos y psiquiatras con el liderazgo de Freud. (4) Lo psicológico cobraba importancia y la mujer, callada por tanto tiempo, causaba fascinación y temor.


Obras de Kokoschka. Su relación tormentosa con Alma Mahler le marcó profundamente, también en su obra: La tempestad, 1913 (son el pintor y Alma, cuyo trazo nervioso expresa su tormento y pasión) y Amantes con gato, 1917.

Todo esto tuvo una gran resonancia en las distintas ramas del arte (5), que se alejaron de la observación de la realidad y sus lacrimógenas temáticas y trataron de explorar su propio mundo interior. Esta subjetividad latente se alejó, necesariamente del realismo que había dominado la literatura y el arte decimonónicos y se daba un paso hacia la abstracción y las futuras vanguardias. En este contexto, los pintores vieneses que mejor sintetizan estas inquietudes son Gustav Klimt (1862- 1918), Egon Schiele (1890- 1918) y Oscar Kokoschka (1886- 1980). Pertenecieron al movimiento la Sezession vienesa, del que Klimt fue uno de los principales representantes. Los tres revolucionaron la pintura vienesa dotándola de nuevos códigos de representación para la sexualidad, el cuerpo y la psicología de los retratos. Su estilo es expresionista, con un uso del color agresivo (como su coetáneo el fauvismo) y subjetivo para expresar las emociones con gruesas pinceladas.


Gustav Klimt: Detalle del Friso de Beethoven, 1902, representando los poderes hostiles; Las vírgenes, 1913. Es mucho más decorativo su estilo, las carnes siempre dan sensación de morbidez y una blancura extrema
No es baladí el predominio de la temática de la mujer en sus cuadros. Algunos autores encuentran la explicación, en el caso de Klimt, en la búsqueda de su oculta personalidad femenina (6); para Kokoschka, son reflejo del abismo que supuso para él el erotismo femenino; las pinturas de Schiele, expresan su atormentada vida sexual y amorosa (7) y la búsqueda de sí mismo. También hay un interés por la medicina y las patologías del cuerpo y de la mente. De igual forma, Schopenhauer fue muy leído en Viena a finales del XIX. Su interés por las relaciones entre lo interno y lo externo, lo físico y lo psicológico, iinfluyeron en Kokoschka, que analizaba los estados psicológicos de sus retratados a través de su físico. Y aquí termina esta aproximación a la pintura vienesa de fin de siglo desde la mirada de la sociología y psicología.

Retratos de Egon Schiele, con su genuino estilo dibujístico de líneas ondulantes y gran fuerza expresiva de los rostros. Hizo muchos autorretratos: El calcetín verde, 1914; Desnudo, 1910 y Autorretrato, 1910.


Notas
(1) MAHLER, Alma, Recuerdos y cartas. Taurus, Madrid, 1986. Aquí también cuenta Alma sobre la amistad entre Mahler y sobre las estravancias de Bruckner.
(2) JANIK, Allan y TOULMIN, Stephen, La Viena de Wittgenstein, Madrid, Taurus, 2001 (2ª ed.), pp. 115-116.
(3) Como Gustav Klimt, Kokoschka, Jakob Burckhard, etc., además de compositores y músicos.
(4) Psychopatia sexualis, Kraft- Ebing, Sexo y carácter, Otto Weininger, Historia de la sexualidad, Foucault. Este interés por  la sexualidad dio lugar al nacimiento de la sexología.
(5) En literatura, el movimiento Junges Wien (Arthur Schnitzler y Hugo Hofmannstal) "empezó a crear obras que exploraban los estados psicológicos alterados de la mente, los sueños y una sexualidad liberada", KELLY, Julia, Introducción al libro de PAYNE, Laura, Klimt, Barcelona, Parragon, 2000, pp. 9-10.
(6) FLIED, Gottfried, Gustav Klimt 1862- 1918. El mundo en forma de mujer, Colonia, Taschen Verlag, 1998.
(7) Tuvo relaciones incestuosas y fue, incluso, acusado de pederastia por sus dibujos de niños desnudos, que causaron escándalo.

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Bibliografía
VARELA, Julia y ÁLVAREZ-URÍA, Fernando, Materiales de sociología del arte. Siglo XXI de España editores, Madrid, 2008.

lunes, 27 de octubre de 2014

Mahler y Alma: La historia de dos sufrimientos.

Mi deseo de conocer más acerca de Mahler me ha llevado al hallazgo de un testimonio de primera mano inigualable: el de su esposa, Alma Mahler. El libro se titula "Gustav Mahler: recuerdos y cartas" (1). Me dio una gran alegría conocer su existencia, pues ya me había encantado la biografía del grandísimo Bach escrita por su mujer (de la que hablaré más adelante) y no creía que esa suerte pudiera repetirse. La relación entre Alma y Gustav Mahler ha estado teñida de muchos comentarios no muy acertados, tanto en vida como ahora. Creo que no se ha comprendido suficientemente bien lo que supuso su unión, en la que no todo era de color de rosa pero tampoco negro como el carbón. La gente es muy dada a opinar sin saber o a basarse en fuentes de terceros, con las verdades ya marchitas por el excesivo reciclaje. Por eso aquí hablaré de ello en base a las palabras sinceras de Alma -que escribió con la perspectiva de los años y el apoyo de su diario-, que nos ha humanizado la visión de ese gran Orfeo de Mahler.

Alma Schindler (Viena, 1879- Nueva York, 1964) era hija del pintor Emil Jakob Schindler. Se crió en un ambiente artístico privilegiado y trató con innumerables artistas de la época. Era alumna de composición de Alexander von Zemlimsky y había compuesto algunas canciones muy buenas. El 9 de noviembre de 1901, con 22 años, fue invitada a una cena en casa de sus amigos los Zuckerland en la que estaban invitados Mahler, el pintor G. Klimt y Max Burckhard- director del Burgtheater y poeta-. A ella le intimidaba la presencia de Mahler, de quien se habían corrido falsos escándalos por su condición de judío. Pero finalmente acudió por sus amigos Klimt y Burckhard. Mahler era el director de la Filarmónica de Viena- más tarde lo sería de la Ópera-. Tenía un enorme prestigio como tal y su persona ejercía gran fascinación. Alma, cuya belleza e inteligencia era sobradamente apreciada por todos, tomó como escudo una actitud indolente hacia él. Pero Mahler  no dejó de observarla en toda la noche y pronto, atraídos el uno por el otro, comenzaron a discutir sobre música. "Hacía largo rato que nos habíamos apartado del resto, o ellos nos habían dejado solos. Había alrededor nuestro ese círculo mágico que pronto encierra a quienes se han encontrado mutuamente." Al día siguiente le había invitado a un ensayo de la Filarmónica junto con otras damas que se unieron. Él le quitó el abrigo a Alma y omitió hacerlo con el resto. Mahler ya estaba enamoradísimo: "- Frau Schindler, ¿cómo durmió usted?
- Perfectamente. ¿Por qué?
- Yo no pegué ojo en toda la noche."


A la mañana siguiente le había enviado unos versos suyos de manera anónima y ella supo que eran de él. Todavía era joven e ingenua, se llevaban 19 años. "Su grandeza interior, me era casi desconocida en ese momento. Sin embargo, me inquietaba una sensación de temor reverente ante su extraordinario genio que amenazaba con alterar mi serenidad." En las siguientes semanas se  encontraron en la ópera donde conoció a la madre de Alma, que le reverenció hasta el final de sus días. "Nos separamos muy alegres, con la sensación de que algo grande y hermoso había sobrevenido en nuestras vidas." Al poco, Mahler le habló de casarse. Él estaba decidido, aunque ella a penas dijo palabra en esa fugaz conversación. "Después de haberle dejado que me besara sin desearlo realmente y que apresurara la boda sin siquiera haberlo pensado, me di cuenta de que tenía razón en ambas cosas y que ya no podría vivir sin él. Sentí que sólo él podría dar sentido a mi vida y que estaba, con mucho, por encima de todo hombre que yo hubiese conocido." Los amigos de Alma no aprobaban esa unión, entre otras cosas por ser judío, pero también porque vaticinaban que le haría sombra... y así fue. 

Mahler tenía que viajar constantemente con la Filarmónica y en esos viajes, que se le hacían penosos por la lejanía de Alma, le escribía constantemente. En una de esas ocasiones, ella tenía que terminar una composición muy importante para ella y le escribió diciendo que no podría escribirle más ese día. Él se enfadó muchísimo y le prohibió por carta que compusiera, aunque en seguida rebajó sus exigencias en la siguiente carta. Ella lloró amargamente pero finalmente aceptó. "Enterré mis sueños, y quizá fue mejor así. Ha sido mi privilegio dar a mis dotes creadoras otra vida en espíritus mayores que el mío. Pero sentí mi alma transida y la herida nunca se curó." En muchas ocasiones hace referencia al sacrificio que ella hacía de su vida para Mahler, del que él no se daba cuenta, aunque ella estaba orgullosa de poder servir para su obra y permitirle que pudiera componer. Vivían en habitaciones separadas, ella se encargaba de que no hubiera ningún ruido mientras él componía y le pasaba las partituras orquestales a piano. Desde luego es impagable ese sacrificio callado, esa abnegación total de su persona por el arte de su marido, a quien amaba.

El 9 de marzo de 1902 se casaron con Alma embarazada. Desde entonces ella notó un giro en la actitud de él, que le trataba como un profesor estricto. Intentaba imponerle su visión negativa de todas las cosas que él consideraba supérfluas: vestidos, vanidad, viajes... Entendió más tarde que Mahler tenía celos de su juventud y belleza y quería asegurársela para él. Por su parte, Alma estaba celosa de su pasado. Parece ser que Alma más que nada comenzó admirándole como compositor. Más tarde le amó, si cabe decirlo, también por su persona. Pero una vez le dijo a Mahler que lo que amaba de un hombre eran sus realizaciones... Alma sentía al principio una gran inseguridad e inferioridad que podría haber curado con su música y lo llevaba como una carga. Mahler la amaba, pero con su trabajo le había descuidado, pues trabajaba infatigablemente entre sus composiciones y el trabajo en la Ópera de Viena.

En cuanto a Mahler, no podía ser de otra manera. Su aparente egoísmo no era tal, pues no le importaba él sino su obra. Su forma de ser era difícil, pero fruto de su genialidad no fingida. Tenía un carácter muy fuerte, violento e intransigente aunque también muy dulce. Su ingenuidad y despreocupación total por el mundo llegaron a ser muy embarazosas para Alma, aunque también podía resultar cómico. Tenía muchas extravagancias que llevaron a muchas cenas incómodas, como una en la que una cantante invitada quería interpretarle una pieza y Mahler, al poco de empezar, se marchó furioso. También solía levantarse varias veces en las cenas en casa de desconocidos porque se aburría. Se sentían mucho mejor en familia y con los amigos cercanos. 

Un suceso que les marcó profundamente fue la muerte de su hija mayor en 1907. En esa ocasión, el doctor prescribió reposo a Alma porque estaba fatigada y Mahler, a modo de guasa, le dijo que le mirara a él también. La respuesta fue un mazazo: le dijo que su corazón estaba no estaba nada bien. Su dolor les separó por esa temporada, fue el principio del fin y Mahler estuvo ensombrecido aún más por esta noticia. Su amor vio renacerse sin embargo, en algunas ocasiones que Mahler despertaba del letargo y tenía detalles enternecedores con Alma. Pasaron juntos un bache en 1910. Alma había estado recuperándose de su fatiga en un sanatorio, donde conoció a Walter Gropius, que le cayó muy simpático. Sus halagos le complacieron porque reavivaron la confianza en sí misma, pero se marchó porque "no deseaba en modo alguno cambiar mi vieja vida por una nueva". Al poco él le escribió una carta de declaración de amor que estaba dirigida a Mahler (no se sabe si por error o como petición de mano). Se sinceraron por primera vez y recurrieron a la madre de Alma para que les ayudara. Esos días sólo paseaban y lloraban juntos. "Después de poner al desnudo las causas de nuestro alejamiento con la mayor honestidad, me sentí más segura que nunca de que no podría abandonarle. Cuando se lo dije, su rostro se transfiguró. Su amor se convirtió en éxtasis. No podía separarse de mí ni por un segundo." Sin embargo, ella se dio cuenta de que su matrimonio no era un matrimonio de verdad... Alguien le había dicho una vez: "te has casado con un hombre que no es un hombre, es una abstracción." El pobre Mahler sintió mucha inseguridad y celos a raíz de este suceso y al poco acudió a Freud, quedándose más tranquilo. Se dio cuenta por primera vez de que "algo se debe a la persona con la que se ha unido la propia vida" y comenzó a interesarse por las antiguas canciones de su esposa. Un día tocándolas al piano y se dio cuenta de que eran muy buenas y de que había sido muy ciego y egoísta, tal como se lo hizo saber a Alma. Quería que se publicaran y le pidió que compusiera nuevamente...

Úlmtima hoja de la 10ª sinfonía. Dice: "Für dich leben! für dich sterben”! que significa: por ti vivo, por ti muero. Al final pone: “Almschi”, el apelativo con que llamaba a Alma. 

Su relación era muy conmovedora. Mahler necesitaba a esta delicada joven y ella a él también. Alma le cuidó durante su enfermedad no separándose apenas de él. No podía soportar su vida sin él y soñaban con vivir una vida tranquila después de que se recuperase. Ella le dijo "- Cuando estés bien nuevamente, ya habré tenido bastante de sufrimientos. ¿Recuerdas que cuando me conociste pensaste que yo era demasiado feliz? Ya he sufrido bastante. No necesito más castigo. Viviremos una vida despreocupada y feliz.- Sonrió tiernamente y me acarició los cabellos. - Sí, tienes razón. Si Dios quiere que yo mejore, aún podemos ser felices." Cuenta Alma que la belleza de Mahler en sus últimos días era asombrosa y que ella le decía: "Hoy, eres Alejandro el Grande". "En los últimos días exclamó <<¡Mi Almschi!>> cientos de veces, con una voz, un tono, que nunca había oído antes y nunca he vuelto a oír desde entonces. Y al escribir ahora estas palabras, no puedo refrenar mis lágrimas." Él estuvo con una grandeza de ánimo conmovedoras, tenía paz cuando nunca la había encontrado en toda su vida. Lo último que dijo, con ojos asombrados y sonriente, fue "¡Mozart!" dos veces. Y pensar que se encontró con él y con todos los compositores que admiraba...¡es sobrecogedor!


Notas
(1) MAHLER, Alma, Gustav Mahler: recuerdos y cartas. Taurus, Madrid, 1986.

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sábado, 18 de octubre de 2014

Mis aforismos II: Senderos de vida.


Cuando uno se lanza a comenzar un proyecto, por pequeño que sea, tiene que romper una barrera inicial, la de la comodidad. Al principio todo es caótico, pero es necesario levantar esa polvareda para hallar nuestra piedra filosofal, resultado de nuestro trabajo y nuestra vocación y que es la joya personal que regalamos al mundo.

Cada decisión te ciñe a unos caminos; cada camino, te cierra otros tantos.

El silencio es importante para encontrar el propio camino, ese "hilo conductor" que guía las pequeñas y grandes decisiones. Pero para eso hay que acallar las voces que la sociedad, la razón e, incluso, los seres queridos, nos marcan para dar el toque genuino que nadie más que tú aportará.

Quien es honesto consigo mismo camina siempre hacia adelante, hacia su meta.


La vida nos coloca a veces en lugares inesperados, pero no de forma aleatoria, pues hasta las mayores equivocaciones han llevado a grandes hallazgos. Tal vez no se vea en el momento su sentido, pero hay que tener fe en que, si se acepta el reto, saldrán muchas cosas buenas. 

Hay veces en la vida en que el camino se nubla y la niebla se hace tan densa que parece un muro con el que tropiezas sin cesar. Pero hay que confiar -¿En qué? En tu camino, en tu intuición- y seguir siempre hacia adelante.

Vive, mira al presente y, con el tiempo, aprenderás a distinguir el grano de la paja... verás cómo la paja es arrebatada por el viento y te sonreirás al percatarte de la presencia de esos granos -pilares- esenciales en tu vida, que te han acompañado siempre, incluso sin haberte conocido, que velaban por ti cuando tu alma miraba hacia otro lado y que permanecerán ahí siempre... Y tu alma se sonríe por ese descubrimiento que el tiempo y el viento te han brindado.



domingo, 5 de octubre de 2014

El París de los años 20 bajo la mirada de Hemingway.


En casi todos los libros que me he leído en estos dos últimos meses, París ha sido su ciudad estrella. Tal vez fuera yo, inconscientemente, la que los elegía atraída por esta ciudad, pues es cierto que me fascina. Una ciudad donde se respira el mundo de la bohemia, llena de belleza, de historias de amor...Así podría resumirse su encanto. En ella confluyen, además, muchos artistas y personajes relevantes de la historia. Por poner ejemplos que he tratado aquí: Chopin, George Sand, Balzac, Victor Hugo, Manet y los impresionistas... y ya en el siglo XX, Irène Némirovsky, que deja constancia de sus años parisinos en Los perros y los lobos y Suite francesa.

Perteneciente a esta subcategoría de "libros parisinos" se encuentra el protagonista de hoy: París era una fiesta, de Ernest Hemingway (Illinois, 1899- Idaho, 1961). Su interés no radica en ser una novela de ficción ambientada en esta ciudad, que no es el caso, sino en ser un relato autobiográfico sobre la época de Hemingway en París, engrosando así la lista de celebridades que pasaron por ella. Esto la convierte en una joya en varios aspectos: el literario, por descontado y como fuente riquísima de conocimiento. A través de éste libro conocemos, además de sus experiencias personales, cuestiones acerca del trabajo de un -todavía- joven y pobre -"pero feliz"- escritor y casi lo más interesante: su relación con otros importantes literatos. 

Otro de los grandes atractivos de este libro es la época que retrata: los felices años 20 (1921 a 1926). Hemingway se mudó allí con su recién casada esposa, Hadley Richardson y trabajaba como corresponsal extranjero. Allí conoce a la flor y nata de los escritores expatriados del momento. Él era joven todavía y su estilo aún estaba configurándose, por lo que su relación con ellos influiría decisivamente en su vida y en su obra. Gertrude Stein durante una conversación con Hemingway recogida en el libro, bautizó a su generación de escritores norteamericanos, "la generación perdida". A ella pertenecían los escritores que habían participado en la Gran Guerra y vivieron en París u otras ciudades europeas desde entonces hasta el Crack del 29. Estos eran: John Dos Passos, Ezra Pound, John Steinbeck, Scott Fitzgerald, Hemingway, William Faulkner...

El libro es muy ameno. Tiene un estilo depuradísimo, minimalista a la par que elocuente, dejando que el lector se imagine lo que no se dice. Está compuesto por capítulos independientes a modo de relatos. En cuanto a su relación con otros escritores, trata a Evan Shipman, a James Joyce- a penas intercambian dos frases en el libro-, a Ernest Walsh...Habla de su amistad con el poeta Ezra Pound, al que consideraba como un santo porque ayudaba a todo artista que estuvieran en apuros económicos haciendo colectas o montando una a asociación benéfica si hacía falta. Dos de las grandes amistades que más ocupan en París era una fiesta son las de Gertrude Stein y Scott Fitzgerald.


Gertrude Stein (1874-1946), a quien yo conocía sobre todo por ser modelo de Picasso y mecenas de varios pintores importantes, tuvo mucha importancia en el ambiente artístico y literario de París de los años 20. Hemingway acudía a su salón repleto de cuadros a charlar con ella sobre sus obras o sobre otros escritores. Era una persona singularísima, con una fuerte personalidad y sentencias demoledoras, por lo que Hemingway escribió que a veces decía "la mar de disparates". "En los tres o cuatro años en que fuimos buenos amigos no logro recordar que Gertrude Stein hablara bien de ningún escritor a no ser que hubiera escrito algo en beneficio de su carrera (...)." (1)

Retratos de Gertrude Stein, de izquierda a derecha: FranciscoPicasso, 1906; Francis Picabia, 1906; Francisco Riba-Rovira, 1945.


Conoció a Scott (1896-1940) cuando acababa de publicar El gran Gatsby e iba a ser adaptada al cine. Fue uno de sus mejores amigos, aunque pasó por años duros en los que estaba bebido noche y día por culpa de su relación imposible con su mujer Zelda. Ella estaba celosa de su trabajo y le arrastraba a los bares, por lo que tenía un grave obstáculo para seguir una disciplina. "La cosa se prolongó durante años, pero durante años también, no tuve ningún amigo tan leal como Scott cuando no estaba borracho." Después se descubrió que padecía de locura, se separaron y volvió la calma. (2)

Con Ford Madox Ford hay un capítulo muy simpático en el que se encuentran en una cafetería donde Hemingway solía escribir, La Closerie des Lilas. Le retrata como un escritor mayor pintoresco y algo chiflado de forma cómica. Ford estaba convencido de haber negado el saludo a un escritor que pasaba por ahí y se jactaba de ello:
"- Explíqueme qué razones hay para retirarle el saludo a alguien- pedí-. (...)
- Un caballero- explicó Ford- le negará siempre el saludo a un rufián. (...)
- ¿Se lo negará a un villano?- pregunté-.
- Es inconcebible que un caballero tenga relación con un villano." (3)

Gauguin, Montagne Sainte- Victoire, 1904-6.

Por último, es muy interesante las revelaciones que hace sobre su joven aprendizaje de escritor. De la pintura de Cezanne aprendió a encerrar todas las dimensiones de la realidad. Cuando no sabía cómo arrancar a escribir se decía: "No te preocupes. Hasta ahora has escrito y seguirás escribiendo. Lo único que tienes que hacer es escribir una frase verídica. Escribe una frase tan verídica como sepas." (4) Su estilo lo define al explicar que sus dificultades para escribir una novela se debían a que "había aspirado a meter en un solo párrafo el destilado de todo lo que sale en una novela." Por último, así describe uno de sus hábitos de escritor: "Por entonces ya me había adiestrado a no secar nunca el pozo de lo que escribo, y a pararme siempre cuando todavía queda algo en lo hondo del pozo, y a dejar que por la noche lo volvieran a llenar las fuentes de que se nutre." (5)

El libro fue escrito tras haber vuelto con su cuarta esposa al Hotel Ritz de París en 1956. "Aquí, repentina e inexplicablemente, el personal del hotel recordó que treinta años antes había dejado en depósito en el hotel dos cajas de documentos; y así Hemingway se encontró revisando durante quince días docenas de libretas escritas a lápiz con los apuntes sobre París que más tarde se convertirían en París era una fiesta." (6) Este libro lo escribió como obra póstuma antes de suicidarse en su casa. De ahí, el carácter melancólico y de ponderación de lo que había sido su vida cuando no se había dejado corromper; "cuando era muy pobre y muy feliz." 


Curiosidad: La película Midnight in Paris de Woody Allen, recrea este ambiente bohemio con los escritores citados. 

Notas
(1) HEMINGWAY, Ernest, París era una fiesta, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1979, pág. 34.
(2) Op. cit. pág. 181.
(3) Op. cit. pág. 85.
(4) Op. cit. pág. 20.
(5) Op. cit. pág. 32.
(6) PIVANO Fernanda, Hemingway, Barcelona, Tusquets Editores S.A., pp. 266.
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/torres_carlos/ernest_hemingway.htm#_ftn2

martes, 23 de septiembre de 2014

A través del alma judía: Irène Némirovsky y Víktor Frankl.


Hace unas semanas, intercalaba la lectura de las obras de dos judíos fascinantes: Los perros y los lobos, de la escritora Irène Némirovski y El hombre en busca de sentido, del psiquiatra Viktor E. Frankl. ¿Mera coincidencia? Tal vez. Pero lo que sé es que han sido un complemento muy interesante. Cada libro arrojaba luz sobre el otro, penetrando más profundamente en el alma de ambos escritores: uno, por la vía de la literatura, impregnada de las vivencias de la propia escritora; otro, por la vía de las lecciones humanas, que tras la dura experiencia de un campo de concentración, realiza el psiquiatra. Mientras en Los perros y los lobos me cautivó su bellísima pluma junto con la cruda y humana historia, en el otro, encontré respuestas a muchas preguntas antropológicas, como el modo de afrontar el sufrimiento. 

"El hombre, para colmar sus ansias de plenitud espiritual, necesita no sólo del arte, que nutre su mente de belleza formal- a veces, pura forma sin contenido-, sino también de contenido espiritual- acorde a su naturaleza- que dé sentido a su existencia." Esta frase, que escribí hace unas semanas, da razón de este post: la necesidad de llenar la vida de sentido. Y no sería sincera conmigo misma si sólo me dedicara a hablar de arte y literatura y no de estas cuestiones centrales. Si negáramos esta parte del hombre, caeríamos en la superficialidad y en el vacío existencial. 

Así es que me propuse aprender de la valiosa experiencia de Viktor Frankl, un hombre que estuvo -¡3 años!- en los campos de exterminio nazi, a los que sobrevivió gracias a su forma de afrontar la vida. Un hombre que habiendo experimentado el haber sido despojado absolutamente de todo lo que le importaba- su mujer, sus padres, su obra- y haber sido reducido a un cuerpo sin identidad, no sólo sobrevivió sino que no perdió la fe en el hombre y ha ayudado a infinidad de personas en su consulta, con sus libros y con su ejemplo. Eso sí que es un héroe. 

Víktor Frankl explicando la logoterapia.

En el campo de concentración fue donde perfiló su teoría de la logoterapia -o también llamada la 3ª escuela vienesa de psicoterapia- cuyo fin gira entorno al sentido de la vida. "De acuerdo con la logoterapia, la 1ª fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrar un sentido a la propia vida. Por eso hablo yo de VOLUNTAD DE SENTIDO, en contraste con el principio de placer (o VOLUNTAD DE PLACER) en que se centra el psicoanálisis freudiano, y en contraste con la VOLUNTAD DE PODER que enfatiza la psicología de Adler." (1) 

He sacado 3 ideas de su teoría que aquí resumo: 
1. La "intención paradójica" es una técnica usada en la logoterapia basada en esta curiosa dualidad del hombre: por un lado, el miedo atrae lo que se teme (llamado "ansiedad anticipatoria", término muy gráfico) y por otro, -su opuesto- la "hiperintención"- o desear mucho algo-, estorba lo que se desea. La técnica consiste en aplicar los contrarios: ridiculizar las neurosis con la "derreflexión" -es decir, dejando de pensar en ellos- frente a la hiperreflexión.
2. Otra genialidad acuñada es la "noodinámica": creencia en que el hombre necesita para su "salud mental" cierta tensión espiritual. En ella hay 2 polos opuestos: uno, representado por lo que el hombre es (en acto) y el otro, lo que quiere o debe llegar a ser (y es en potencia).
3. Por último, la libertad de elección del hombre. Traigo una explicación profundamente conmovedora del autor: 
   
   "El ser humano no es una cosa más entre las cosas; las cosas se determinan unas a otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser -dentro de los límites de sus facultades y su entorno- lo tiene que hacer por sí mismo. En los campos de concentración, por ejemplo, en aquel laboratorio vivo, en aquel banco de pruebas, observábamos y éramos testigos de que algunos de nuestros camaradas actuaban como cerdos mientras que otros se comportaban como santos. El hombre tiene dentro de sí ambas potencias; de sus decisiones y no de sus condiciones depende cuál de ellas se manifieste. 
Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios." (2)
  
En cuanto a Los lobos y los perros, desde las primeras páginas percibí su altísima calidad literaria. Investigando un poco más sobre la vida de su autora, se reconocen muchos aspectos autobiográficos concentrados en la pequeña Ada Sinner, la protagonista. Es una niña muy inteligente y observadora que sufre la soledad en su familia, pues su padre está siempre de negocios y no tiene madre; en la vida real así fue y aunque tenía madre, la trataba como si no fuera su hija y ella la odió siempre. Ada se refugiaba en la pintura; Irène, en la escritura. Es una historia dramática y muy tierna y humana a la vez. Conmueve porque trasluce parte de sus experiencias y la realidad que debían de vivir los judíos, fueran ricos o pobres. 

La vida de Irène era la de una burguesa acomodada, estabilizada desde que se trasladó a París con su familia en 1919. Allí se casó y tuvo dos hijas. En los últimos años de su vida escribió Suite francesa, su obra más célebre. Solamente la historia de su escritura y publicación da para mucho. Irène sabía que su vida iba a acabar de manera trágica por las medidas que se estaban tomando contra los judíos y se dedicó a escribir mucho cada día, en letra minúscula por la escasez de papel. Dejó un baúl a sus hijas con sus obras no publicadas, entre ellas ésta, que no llegó a terminar. Ellas se salvaron de milagro gracias a la audacia de su tutora y muchas peripecias. Años más tarde esos escritos salieron a la luz. Irènee Nemirovski fue una escritora muy valiente y audaz que se sirvió de su pluma para denunciar lo que no le parecía correcto, con crudeza y con arte, dejándonos un legado literario y humano valiosísimo. 


Como broche final, la coincidencia entre estas dos grandes personas no acaba en los libros que fueron protagonistas de mis lecturas por unos días, ni en que fueran ambos judíos. Hay algunas más, como que son prácticamente coetáneos: Irène nace en febrero de 1903 en Kiev; Víktor, en marzo de 1905 en Viena. Ambos pasan por Auschwitz: Iréne, el 17 de julio de 1942, donde desgraciadamente, muere un mes más tarde de tifus; V. Frankl fue recluido en otoño del mismo año, en Theresienstadt y estuvo en Auschwitz dos años más tarde que ella, 1944 (2). En junio de 1941 escribía desilusionada: <<¿Qué me está haciendo este país, Dios mío? Sí, a todos vosotros que me despreciáis, franceses ricos, franceses felices: lo que yo quería era vuestra cultura, vuestra moral, vuestras virtudes, cuanto es más noble que yo, diferente de mí, diferente del lodo en que nací.>> Sobrecoge sólo pensarlo. 


Notas
(1) FRANKL, Víktor E., El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 2003, pág. 139.
(2) Íbidem, pág. 184.
(3) Posteriormente, estuvo en otros 2 campos de concentración hasta su liberación el 17 de abril de 1945.
Fuentes 
- Prólogo de NEMIROVSKI, Iréne, Suite francesa, Ediciones Salamandra, 2005. (Tengo un documento con este  prólogo y el de todas las novelas de la escritora, interesantísimos. Me lo piden y se los mando).
- VARGAS LLOSA, Mario, Bajo el oprobio. El País, Madrid, 22 de agosto de 2011, opinión pág. 21.