viernes, 17 de julio de 2026

Arqueología del Deseo: orígenes

Más allá de las ideas de lo malo y lo bueno, hay un campo. Allí te encontraré
Cuando el alma se acuesta en esa hierba el mundo está demasiado lleno para hablar
Lo que buscas te está buscando
Rumi 

Este texto ha comenzado mucho antes de inscribir en un lenguaje los ecos de su origen
Es en retrospectiva como se leen los signos.
Con la debida atención, bajo el ruido de los siglos, podrá escucharse una melodía

Es mi mayor deseo inscribir estas melodías, a~traerlas a este plano, como nubes que al entrar en contacto con la montaña rompieran a llover irradiando los campos con todo su saber allí condensado
~el cielo besando
    a su
amada Tierra
    o bien
el escriba a~trayendo
    con su pluma
el cielo a
    la Tierra
 
El rastro del Deseo, 19/05/2021. Foto que tomé en una calle de Vegueta, cuando ya me intrigaban las ondas y la trayectoria de nuestros deseos y del ser en general.

Bajo un texto ~como bajo un cuerpo~ hay capas y capas de existencia en sublime gradación. Rastrearlas hasta su origen es conocer también el recorrido de su trayectoria. Bajo este texto, también, un deseo muy antiguo, un deseo que me precede, subyace. Es un deseo que nace de la más absoluta oscuridad, allí donde la luz se dio a luz para conocer~se


Y, curiosamente, es en un día de Luna Nueva en Cáncer cuando al fin comienzo a escribir; en el no-saber de los inicios, eco de aquel espacio sagrado donde la oscuridad es templo de creación, fértil Tierra~Madre de donde todo emerge: el útero cósmico (1). Maravillosas sincronicidades del universo…

El origen del deseo.
He co-creado esta imagen en base a una intuición que he recibido acerca de la figura del signo de Cáncer y su conexión con la figura de la vesica piscis que implica nuevas resonancias y posibilidades. Puede servir como inspiración, como lugar donde meditar o ensoñar~se

Nada de esto se hallaba en mi mente al iniciar este texto, prueba del gran orquestación que hay detrás, cuya inmensidad mi mente no alcanza a comprender, del cual soy voz y porta-voz.

Todo vibra, todo canta una canción, ¿la escuchas?

En este regocijo de re~conocerme parte de esta gran historia retomo los hilos/voces con que tejeré este fragmento de la composición.  

Hacer espacio para lo que desea ser se exprese a través de mí
Hacer silencio para que el aire fresco y renovado se abra paso en la Humanidad

Adentrarse en este espacio oscuro, espacio-umbral, requiere coraje (en francés, courage) ~esto es, a(r)marse de valentía -y de amor- para ir hasta el corazón del Ser… allí donde convergen las aguas primordiales y las aguas emocionales, aquellas que con la debida atención y presencia podrán transformarse en un manantial de sabiduría que sustentará y nutrirá ~a muchos…
(Hécate responde a mi llamado, con su antorcha y su capacidad para transitar los espacios liminales)

Y es al fin
    aquí
en esta cueva~útero
donde el Deseo
    emerge
en esta profunda comunión
con~Sigo
donde el Creador toma una flecha
    de su carcaj
y estira la cuerda
    ~tan lejos
        como hondo
            es
                su Sentir

Collage de la artista Heather Heininge con Diana o Artemisa con su carcaj y su arco oteando el horizonte…
Lo acabo de encontrar al buscar la cita de Rumi…(!)



Epílogo 

Al escribir este texto no he hecho más que comenzar a escribir. Las sincronicidades me han llevado por otros derroteros, más profundos, más ricos, como la sabiduría de la noche y del agua, que lo han impregnado con su presencia sutil. 

Notas

(1) Mientras escribía escuché que el signo de Cáncer se considera la medianoche dentro de la rueda zodiacal, espacio oscuro que puede funcionar como tumba o útero…

sábado, 16 de mayo de 2026

El (re)nacimiento de la Voz


He llegado hasta aquí 
a este lugar donde confluyen todos los lugares
en un tiempo que excede todo tiempo
donde el adentro y el afuera se revelan
    parte de lo
mismo
donde tú y yo dejamos atrás
    nuestro pequeño yo
                para fundirnos
                        en el regocijo
                                     de la
                        Eterna Presencia
                        (la OM~nisciencia
                                       del Ser)
pues nunca
    en verdad
nos habíamos separado
     de él
o mejor dicho
    de Ella…

(Comparto el enlace de una canción que parece compuesta para acompañar este texto y su con~texto  Mary Magdalene, The Return)


Es preciso hacer un alto en el camino, en la ladera de esta Montaña -real o imaginada- que momento a momento, con dedicación y esfuerzo, hemos escalado. Y es aquí donde recuerdo que Yo soy parte de la Montaña la Montaña, parte de mí; que yo misma la proyecté como parte del Plan, antes del Gran Olvido...



Como bajo el influjo de un cálido sol interior, la nieve de siglos comienza a deshacerse. Lo que tanto tiempo había permanecido intacto en paciente espera, se conmueve ante esta inusitada dulzura ¿cómo nombrar este milagro?

Ríos de lágrimas descienden por las laderas de este largo camino de regreso
lágrimas de re~conocimiento hacia nuestros Ancestros, quienes llevaron esta carga desde la noche de los tiempos con la certeza de que llegaría este preciado~preciso momento sobre la faz de la Tierra
lágrimas de aceptación por todo lo vivido con sus caídas, sus preguntas, sus hallazgos...
lágrimas de agradecimiento al saber que -al fin- no tiene por qué ser tan difícil                     
                        ya    no    más


Viejas capas de creencias sobre las que se habrían cimentado las grandes civilizaciones, dominadas bajo la ley del yugo y la perpetuación de la in-humanidad, se van desprendiendo; capas de vergüenza y culpa infundidas para sembrar el terror y la esclavitud bajo pretexto de una redención, se desmoronan. El viejo sueño ya ha comenzado a caer ladera abajo.


El río lo toma todo esto consigo arrastrándolo hacia el Gran Océano Ella, merced a su infinita Gracia, con un largo rugido lo engulle en su regazo azul profundo.

Nuestro fondo marino, Miriam Cahn, 2019

Es justo allí, bajo el rugir de las olas, que escucho otro sonido -singular y penetrante-, al que le sigue otro y luego otro; son las sabias matriarcas del océano, las que sostienen la vibración del planeta azul, nadando en un gran círculo: Ellas-las-ballenas.

Las aguas comienzan a arremolinarse en espiral al compás de una antigua melodía -fragmentos de una secuencia repetida una y otra vez desde los inicios de la Creación, como un código de amor y recuerdo disponible para aquel con ojos para ver y oídos para oír.

En el interior del círculo los delfines dan saltos entre la espuma blanca lanzando chirridos de alegría.

Hay aquí un aire de expectación

La tierra, el aire, el agua, el fuego se preparan también para este gran acontecimiento largo tiempo anunciado.
Todo se contrae y expande rítmicamente hacia el interior, hacia los lados, en todas las direcciones— en una especie de parto cósmico.

Y yo contengo la respiración 

 
La main aux algues et aux coquillages, Émile Gallé, 1904 en la magnífica exposición Bleu Profond, L’océan révèle de Les Franciscaines en Deauville, septiembre del 2025.

Primero asomaron unas manos —sus delicados dedos acariciando por primera vez la suavidad del viento;
Luego, sus largos cabellos, del color intenso del amanecer, con algas y conchas entrelazadas. Entre ellos, se adivina un rostro, una figura femenina como ningún artista ha podido jamás representar, pues es Ella a quien, en ultima instancia, intentaban captar… La de innumerables nombres y rostros, por largo tiempo oculta, negada, reprimida —la Divina Madre, Sophia


Todo el cosmos se inclina ante Ella en profunda reverencia y de su Ser comienza a emanar un profundo canto, muy antiguo y nuevo a la misma vez, pues su voz resuena desde siempre, en cada célula de cada ser, en cada partícula de cada estrella, de cada planeta; de ti y de mi; la Voz.

El cosmos entero se estremece. Todo vuelve a cantar su canción, una vez más. Todo canta y se regocija con Ella en el día de su renacimiento —y el nuestro con Ella—; del renacimiento de la Voz que sostiene e inspira estas frecuencias en forma de palabras aquí inscritas como en un pentagrama para que recuerdes y cantes también tú su eterna canción de Amor.


Nota
*Actualización del 24/05/2026 19:50 hora canaria~ Modelamos y moldeamos hasta que la obra se acerque a la belleza de lo que escuchamos… Tal vez ese sea el comienzo de otra entrada.
*Todas las imágenes, a excepción del cuadro de Boticelli y la última, son todas fotografías tomadas por mí.
*Si te interesa lo que hago y quieres apoyar las futuras creaciones, puedes hacer una donación en este enlace https://www.paypal.me/starofthedawn ♾️✨🙏🏻

lunes, 19 de agosto de 2024

El lenguaje de los árboles: huellas de una canción

Es el amor a la Luz lo que mueve al árbol a hundir sus raíces en lo desconocido; por amor a eso que sabe es su alimento atraviesa la más densa oscuridad. (Pieza sonora ambiental)

Se requiere una buena dosis de coraje para decirle SÍ a esta gran aventura de la vida, a esta continua transformación en la que para avanzar es preciso dejar atrás la comodidad de la semilla y todo lo que una vez conoció. Sin embargo, hay en él una confianza ciega que le impulsa, pues SABE —en lo más íntimo de su ser— adónde se dirige; sabe que al final de esa larga oscuridad su luz se fusionará con la Luz; su individualidad, con la Infinitud.

Encontrar al otro en tarde rosa, Tomás Sánchez, 2021.

Así pues, avanza, y cada vez que hunde un poco más sus raíces en la profundidad de la Tierra — su propia tierra— renueva su SÍ a la Vida. Sí, aunque nadie más que él vea lo que él vio —la visión que le precedió; sí, a pesar de las historias que escuchó en la superficie, esas que hacen ruido y ha de acallar, con las que el miedo se propaló desde tiempos inmemoriales sumiendo al planeta en ciclos y ciclos de locura y destrucción.

Pero ya es tiempo, dicen los árboles. Ya es tiempo, dicen las plantas y los ríos y las aves; todos los reinos que habitan la Tierra… Y el universo entero. ¿Lo escuchas?
Ellos lo saben.
Te lo recuerdan a ti, a mí —su luz se enciende de regocijo—. Es el tiempo.

Parque nacional de Sequoyas, California

Anclado en su propia tierra nada podrá alejarle de sí mismo; ninguna fuerza podrá hacerle tambalear. 

El lenguaje de los árboles:
No hablan de altura, hablan de y a través de sus raíces. Hablan de ancestralidad y del futuro, de común-unidad, de inter-conexión. Basta con respirar el oxígeno que nos brindan, o sentarse junto a su tronco para dejarse acompasar por el suave ritmo de su canción. Qué majestuosidad la de los árboles, guardianes de la sabiduría, maestros de la paciencia. 

Cualidad arbórea de mi cuerpo, ¿no es éste un árbol en movimiento?

Estoy en un gran valle rodeada de una frondosa vegetación de la que sobresalen altos pinos y árboles de distintas especies. Un límpido cielo azul contrasta con los distintos tonos de verde. Al fondo, la silueta de la imponente Sainte-Victoire guía mis pasos como una promesa.


De pronto, me siento conducida hacia un claro, a la derecha del camino. En el centro, un hermoso pino, diferente a todos los que he conocido hasta ahora —más chato y con una elegante copa abovedada de un verde dorado—, parece decirme: ven, ven junto a mí. Así pues, me aproximo y me dejo recostar sobre su tronco bajo su refrescante sombra. Y qué sombra. Tiene forma de pirámide y, con cierto estupor, observo que apunta hacia la montaña… Al igual que mis pies desnudo.


Hay en este lugar un silencio sagrado. Un pájaro canta muy cerca. Yo también comienzo a entonar un canto. Brota desde un lugar muy lejano, como si alguna vez hubiera sido muy querido para mí y sin embargo pareciera totalmente nuevo. Mis manos lo acompañan con movimientos y gestos. El canto parece enraizarme hacia el corazón de la Tierra y de allí, me expande hacia las estrellas, tal y como hacen los árboles. Mientras canta, una fuerte sensación de hogar me embriaga y de mi corazón copiosas lágrimas se derraman; lágrimas de felicidad y profunda reverencia.


Voces susurrantes comienzan a emerger de entre los troncos de los árboles. Sus copas se mecen con suavidad al mismo ritmo. Asienten. Las voces se enredan en las ramas, entre los delicados encajes de luz que forman las hojas de los pinos. Siento esas presencias como una caricia que me rodea. Deben de venir de una civilización muy avanzada y muy antigua, una que todavía no sé nombrar. Son como la brisa en un día caluroso de verano; sus cuerpos ligeros, envueltos en finas túnicas y un porte de alta nobleza, soberanía y profunda humildad, danzan con la naturaleza. 



Celebran mi presencia, este encuentro tan anhelado en lo más hondo de mi corazón. Ahí escucho sus voces, sus emanaciones de amor y reconocimiento. Tú perteneces, dicen. Aquí tienes tu hogar, ese que siempre has buscado. Recuerda que tú eres el cosmos. Siempre ha sido así y siempre lo será.


Detalle de La Primavera, A. Boticcelli.
Detalles de La Primavera, Botticelli.

El velo cada vez es más fino.

Ellos nos están llamando —desde lo lejos, desde las raíces, desde las estrellas. Yo sigo el camino de los árboles. Me hago raíz. Me enraízo en ésta mi querida Tierra con el deseo de volver a caminar junto a ella con soberanía y gozo, como una vez hicimos. Y lo volveremos a hacer. La canción ya está sonando.


Encontrar al contemplador, Tomás Sánchez, 2005.


Nota

Si te interesa lo que hago y quieres apoyar las futuras creaciones, puedes hacer una donación en este enlace https://www.paypal.me/starofthedawn ♾️✨🙏🏻

domingo, 14 de abril de 2024

La caída de los muros

Todo comenzó con una grieta, un grito en la noche del olvido. Sólo la inocencia, el arrojo y un deseo sin nombre ni dueño podría llevar a cabo tal hazaña.

Éramos muchos —deseosos, expectantes, como llamas incendiando la espera. En el silencio de la no-existencia se escuchó la señal convenida y con ella dejamos de ser sueño para devenir cuerpos que penetraron aquella grieta que nos había convocado.

El primer sonido fue el llanto, aquí y allá recorriendo la geografía de esta Tierra tan dormida aún. Después, como la onda que toma cuerpo al unirse a otras y se ensancha con creciente ímpetu, llegó el primer impacto. La grieta se resintió, quizá triste, quizá alegre por saber que había llegado aquel trascendental momento. Y aquella masa petrificada por la insistencia de la razón comenzó a desmoronarse.

Nací entre escombros. Fue así como cayó el primer muro de mi existencia, el primero de tantos. Todavía hoy siento aquel resquebrajamiento que me atraviesa, como un sino del que no puedo escapar. El misterio mismo envuelve mis preguntas y me interpela en su habitual forma oracular: ¿puedes aceptar que tú eres la pregunta?

En el corazón mismo de aquella grieta corre un agua cristalina. Al tiempo del desmoronamiento este flujo crece, como una paradoja inexpresable, eternamente viva. Es. Siempre ha sido. Es ella la que me ha llevado mas allá de los límites de la imaginación, guía de mis pasos. La voz que nace del corazón de la noche y arrasa con todo muro. Insurrecta, soberana. Es pregunta, es anhelo que trasciende toda historia particular. Una música suave, repetitiva que me pide atención, escucha. Y cuando pasa por aquel lugar entonces es capaz de transformar el dolor en dulzura (1), suavizando todo atisbo de dureza.

Sapho de Lesbos, Charles Menguin, 1877.

Es éste el canto que traigo. Es éste el canto que soy.

El instrumento se va afinando. Ahora entiendo por qué ha sido necesario tanto deshacerse. Eran las capas inservibles, las voces extrañas, las notas falsas, muros que había que horadar para que el canto emergiera silbando entre los recovecos de este cuerpo-instrumento para emitir, a su paso, un particular acento (2) que nada tiene que ver con el espacio geográfico donde se ubican sus cuerpos sino con esa voz que hay que rescatar de nuestra más profunda noche para devolvernos a la vida.


Epílogo

Tras escribir esta entrada me fijé en la semejanza de la palabra llanto y canto, respectivamente el primer sonido y el que finalmente emerge gracias a aquel. Nunca deja de sorprenderme la magia de las palabras, como si fueran ellas las que decidieran colocarse aquí y allí produciendo resonancias que ni siquiera su autor se imagina.

Notas

(1) En francés, estas dos palabras se diferencian tan sólo en una letra, como una puerta abatible por la que, a través del lenguaje, uno pudiera pasar de uno a otro estado: douleur, douceur.

(2) Acento que, en su raíz griega, no es más que el habla llevada al canto.

Posts relacionados