domingo, 4 de diciembre de 2022

La pasión poética II: la imposible unión

La noche se cierne ya sobre la habitación. Sobre el escritorio, bajo la luz dorada de una lámpara, hay un cuaderno lleno de anotaciones bajo un mismo título. Junto a él, un borrador está a punto de ser desechado. Ya no hay rastro del conejo blanco. La mano se apoya sobre el cuaderno cerrado que encabeza ahora una pila de libros que hago callar. Se apaga la luz y al poco comienza a sonar una música muy suave en la habitación contigua. El cuerpo se balancea al son de su ritmo y va liberando con el movimiento su desasosiego. Entonces lo recuerdo. Es un poema de Alejandra Pizarnik que viene a iluminar mi noche en blanco:

“Buscar.

No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene.”


Abro una nueva página y me dispongo a (re)escribir.



La atracción del vacío

Si hay algún tema -sujet en francés- más difícil de sujetar, más ajeno a la voluntad apropiadora y más inabarcable, ese es el de la poesía. Como una Eurídice hacia quien el poeta se vuelve a pesar de la prohibición de no volver la mirada atrás, ésta se desvanece cada vez que uno cree haberla visto, siendo su rostro del todo desconocido. El poeta, como otro Orfeo, canta entonces -necesita cantar para ser- y con su canto devuelve a Eurídice a su silencio, más hondo ahora, si cabe (1).

Callejón del álamo al atardecer, Vicent Van Gogh, 1884.

Es el vacío el germen de la atracción -la luna que, atraída por la Tierra, provoca las mareas; la distancia entre el escritor y su obra siempre inacabada, que le hace retomarla una y otra vez; el corazón que palpita ante la presencia de esa y no de otra persona; o el silencio entre dos palabras que yacen inertes por la separación- y es el vacío que habita en uno mismo y le abre en dos el verdadero motor de la poesía.


Una pequeña fisura o desgarradura (2) se manifiesta en el poeta, desarmado ante sí en el acto de la escritura; aquella que la actividad incesante y el ruido en vano tratan de acallar, reaparece con más fuerza en la quietud de la noche. La página en blanco se erige entonces como el símbolo de su pasión, palabra poliédrica con la que he titulado esta serie, ya que ilustra la paradójica condición de la poesía y de los que se ven irresistiblemente atraídos por ella.

Fotograma del filme La infancia de Ivan, (1962) de Andrei Tarkovski. Imagen muy evocadora en la que, asomados a un pozo, parece que están mirando al interior de un ser humano.


Pasión poética

Del latín passio (sufrimiento) y del griego pathos (dolor), con el término de pasión poética se haría referencia tanto a la pasividad (3) de la experiencia, a la paciencia de la espera de la palabra poética, como al sufrimiento derivado de una atracción no elegida (4) e imposible de alcanzar, además de la intensidad del goce poético.


Como un amante en espera de su amor, o un místico, de la revelación de su dios, el poeta espera en la noche en una tensión indefinida de lo-que-está-por-venir. Recogido en sí mismo en un silencio en el que el mundo entero retrocede quedando solo en su soledad esencial -como lo denomina Maurice Blanchot-, corre siempre el riesgo de abismarse (5). Este movimiento, esbozado en el post anterior, podría denominarse como el de la pasividad activa.


Es el deseo de fusión lo que le mantiene en vilo, fusión con el objeto de su deseo que no es otro que la nada (6). Ésta se manifiesta aquí como pura potencia, posibilidad de devenir y de establecer nuevas conexiones entre las partes disgregadas de su ser fallado (7). De tal forma que, mediante la apertura del ser a su propio vacío, se da lugar al no-lugar, dejando espacio a lo que todavía no es. Por las fisuras, de pronto, se cuela el aire, la dulzura que nunca llegó y que tal vez ya no se esperaba y que podría alcanzar los resquicios más inhóspitos del ser (8). Y qué transformaciones no producirá esta llegada.


Orpheu’s sorrow, Pascal Dagnan-Douvret, 1876.


El salto

En un momento dado, y sin nada que pueda preverlo -ni para adelantarlo ni para defenderse de él- el “vacío (…) da un vuelco y se convierte en plenitud” (9). El poema adviene como un destello en el que las cosas se revelan como nunca vistas. En él la intimidad se revela extraña a uno mismo y a los demás, adentro que se vierte expulsándole al afuera mismo, donde queda suspendido en el lugar del no-lugar. La finitud se revierte en estallido: es el salto mortal (10), el éxtasis que da la sensación de plenitud (11).


    Visto bastante. La visión se ha encontrado en todos los aires.
    Tenido bastante. Rumores de las ciudades, por la noche y al sol, siempre.
    Conocido bastante. Los altos de la vida. -¡Oh, rumores y visiones!
    ¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!
” (12)


El murmullo

Una voz otra surge del poema. No es el atropellamiento incesante de palabras del habla ordinaria. A diferencia de ésta, las palabras no comunican: son. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”, dice Alejandra en un poema. Mediante él nos adentramos en una intimidad muy similar al diálogo entre los amantes, con susurros entrecortados y todo lo que la corporalidad de una voz entregada puede llegar a expresar entre silencios, miradas y dudas a su amor. 


“¿Escribir versos, no era acaso un acto secreto, una voz tratando de contestar a otra voz? (...) ¿Qué cosa más secreta, pensó, más lenta y más parecida a un diálogo de amantes, que la balbuceada respuesta que ella había dado todos esos años al antiguo canturreo de los bosques (…)?”, escribe maravillosamente Virginia Woolf en el final de Orlando (13).


El momento de la revelación viene como una deflagración de las cosas en las que son al tiempo que desaparecen. Es la unión en la separación propia de los místicos y de los amantes (14). Poema y poeta se funden y se desvanecen en el fuego del acto poético.

Tan sólo unas pocas palabras quedarán como prueba de su pasión. Quien se acerque a leerlas quizás llegue a vibrar en el temblor de una intimidad en llamas siempre dispuesta a volver a arder.


Foto de autoría propia.


Notas

(1) En el mito de Orfeo y Eurídice, éste, que amansaba a las fieras con su lira, desciende al Hades para rescatar a Eurídice -con quien se acababa de desposar y murió después por la mordida de una serpiente- bajo la condición de no darse la vuelta hasta no haber salido a la luz, pero él, poco antes de llegar, se da la vuelta devolviéndola al Hades.

(2) “Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura.” Alejandra Pizarnik.

(3) “la inmovilidad inerte de ciertos estados (…), el penar de la pasión, la obediencia servil, la receptividad nocturna que la espera mística supone”  En este libro Blanchot trata extensamente el tema de la pasividad de la escritura, BLANCHOT, Maurice, La escritura del desastre, ed. Trotta,  p. 38.

(4) “(...) la pasión escapa a la posibilidad, al escapar, en el caso de los que están atrapados en ella, a sus propios poderes, a su decisión e incluso a su «deseo», siendo ella en eso la extrañeza misma, al no considerar ni lo que pueden ni lo que quieren.” BLANCHOT, Maurice, La comunidad inconfesable, Madrid, 2016, p. 74.

(6) “Quien por un momento soporta el vacío, o bien obtiene el pan sobrenatural o bien cae.” WEIL, Simone, La gravedad y la gracia, Editorial Trotta. Madrid, 2007, p. 60.

(6) “La atención se halla ligada al deseo.” WEIL, Simone, op.cit., p. 154. “Es mediante la Nada, la mística de la alteridad y el despojamiento de todo en la tiniebla más luminosa de silencio como se alcanza el amor, punto fusional y quimérico del goce divino.” (BUCI-GLUCKSMANN, Christine: La raison baroque, p.167 cit. en GAMONEDA LANZA, Amelia, Marguerite Duras: La textura del deseo,  Ediciones Universidad de Salamanca, 1995, p. 45).

(7) Usaré indistintamente nada o vacío.

(8) Esto constituye un acto de amabilidad consigo como otro que dará pie a la práctica de la hospitalidad con lo otro.

(9) BLANCHOT, Maurice, Le livre à venir, Gallimard, Paris, 1959, p. 175.

(10) “Las semejanzas entre el amor y la experiencia de lo sagrado son algo más que coincidencias. Se trata de actos que brotan de la misma fuente. En distintos niveles de la existencia se da el salto y se pretende llegar a la otra orilla.” PAZ, Octavio, AZ, Octavio, El arco y la lira, Fondo de cultura económica. México, 1979p. 135.

(11) Bataille lo explica así: “Tanto en el erotismo de los corazones como en el erotismo sagrado (...) la perturbación erótica inmediata nos da un sentido que la supera todo; es un sentimiento tal que las sombrías perspectivas vinculadas a la situación del ser discontinuo caen en el olvido.”  BATAILLE, George, El erotismo, Barcelona, Tusquets, 1979, p. 17.

(12) Poema Partida de A. Rimbaud (1854-1891) de Illuminations, 1874 Assez vu. La vision s'est rencontrée à tous les airs./ Assez eu. Rumeurs des villes, le soir, et au soleil, et toujours./Assez connu. Les arrêts de la vie.

-Ô Rumeurs et Visions! Départ dans l'affection et le bruit neufs!

(12) WOOLF, Virginia, Orlando, Edhasa, Barcelona, 1986, p. 238.

(13) “El místico es errante porque es un ser del entre-dos, está en la separación y en la reunión, a la vez y al mismo tiempo. (...) El momento de esta coincidencia imposible es el éxtasis.” GAMONEDA LANZA, Amelia, op. cit., pág. 47. Como el amor verdadero para Blanchot, consistiría “en realizarse únicamente en el modo de la pérdida, es decir, realizarse perdiendo (...) lo que no se ha tenido jamás” BLANCHOT, Maurice, op. cit., p. 73.


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miércoles, 29 de junio de 2022

La pasión poética I: la vida como poesía.

Una mano se alza en el aire. Mueve las falanges lentamente como acariciándolo, gira sobre sí misma y permanece suspendida en actitud de espera. Como el escultor que moldea la arcilla, entre sus dedos tienta algo que se le escapa, pero sabe que está ahí, en ese bloque aéreo. Es una palabra —le mot juste, la llama Annie Ernaux— o una imagen que ha vislumbrado como un relámpago. Tal vez ha sido el dorso de un conejo blanco que habría salido disparado mientras no estaba mirando; aunque, quizás, tan sólo se tratara de un ensueño. Cuando la invente —es decir, cuando escarbe en el silencio hasta encontrarla— la corriente de palabras, habiendo sorteado aquel obstáculo, seguirá su curso y no tendrá más que deslizarse sobre aquella como una hoja que se deja balancear por el viento.

Foto de autoría propia. 

He aquí un poema.
La mano tiembla aún. El cuerpo entero sigue conmocionado.
Ya no se es la misma persona que antes de escribirlo. Algo ha pasado entre la mano y el papel; algo, entre el cuerpo y la mano; algo más que palabras. Pero ¿qué es? ¿Es eso lo que llamamos poesía?


Foto de autoría propia.

Frente a las identidades que crecen verticalmente en raíces cada vez más profundas ejerciendo todo tipo de violencias; frente a los edificios conceptuales (2) que las ciencias levantan bajo el prestigioso nombre de la verdad y del progreso; frente a la mercantilización del mundo y su feroz expansión; frente a las guerras; frente a la barbarie y frente a cualquier forma de dominación, la poesía se presenta como una reserva de libertad desde donde abrir(se) (a) otras posibilidades de ser -y de dejar ser-, de vivir -y de dejar vivir-; de estar. “Habito la Posibilidad/ Una Casa más bella que la Prosa-/ Con más Ventanas-”, comienza un poema de Emily Dickinson, para luego, en el broche final, “albergar el Paraíso” (3).


Foto de autoría propia.

La vida como poesía: la actitud poética.

Pero, ¿es posible escribir poesía en medio de la barbarie? No sólo es posible sino necesario -escribirla, leerla, encarnarla-. Para Theodor Adorno escribir poesía después de Auschwitz era una barbarie. Sin embargo, sabemos que toda experiencia -incluso las más dolorosas- es susceptible de ser transformada, como dan cuenta los innumerables ejemplos a lo largo de la historia del arte y la literatura. Simone Weil (París, 3 de febrero de 1904- Ashford, 24 de agosto de 1943), quien vivió de cerca las duras condiciones de trabajo de una fábrica, escribiría su famosa frase después de esta experiencia: “el pueblo tiene tanta necesidad de poesía como de pan. (…) Tiene necesidad de que la propia sustancia de su vida sea poesía” (4). Y es que el arte es una forma de resistencia contra las tiranías, una pequeña máquina revolucionaria que dinamita las fronteras silenciosamente sin necesidad de moverse del sitio. De entre todas las formas artísticas, bajo las cuales subyace (5) como su elemento vivificador, la poesía es, bajo mi punto de vista, la que posee la mayor potencia revolucionaria.


Revolución poética

La palabra revolución viene del latín revolvere -volver a- y revolutio -producción de un cambio radical-. La revolución de una actitud poética consistiría en un volver sobre sí mismo: movimiento de vuelta sobre sí mediante el cual uno se transforma y transforma y en el transcurso deviene minoritario (6).

Mediante la atención extrema (7) que posibilita la creación artística, uno no busca, sino, más bien, se deja inundar, abierto el ser (8) al extrañamiento que le produce lo que no se deja decir ni apresar, aquello que sólo cabe reconocerse con el asombro de un niño. Esta atención, en primera instancia, se vuelca hacia uno, siendo así que, como explica Octavio Paz: “la revelación (...) se transforma en un abrirse del hombre a sí mismo.” (9)

En ese re-conocimiento uno contiene y libera lo que de desconocido e inaudito hay en uno, abriendo las llamadas líneas de fuga deleuzianas que propiciarán el flujo de movimiento.


Eye and beach montage, 1949, Maurice Tabard.


En esta vuelta sobre sí uno ha de des-habituarse, palabra que recuerda a la palabra francesa déshabiller -desnudarse- para que, una vez liberados de las máscaras que nos hacen ser-quienes-somos podamos llegar a ese lugar otro, a ese tiempo otro y a ese decir otro que inaugura la poesía.

El sujeto pierde la sujeción y deviene “forastero respecto a uno mismo, y a su propia lengua y nación” (10). Es un nómada (11) que atraviesa su propio desierto -¿es una ráfaga lo que le ha transformado?-, razón por la cual, ante la pregunta por la identidad, Alicia, como les ocurre a los poetas y místicos, balbucea: “Pues verá usted, señor…, yo…, yo no sé muy bien quién soy, ahora, en este momento”.

Y en ese instante de anonadamiento, en donde uno no sabe quién es, las posibilidades se multiplican. “Ser nada para ocupar en el todo el verdadero lugar de uno”, (12) escribe Simone Weil. La nada y el todo: los extremos se tocan.


La in-corporación del instante: devenir cuerpo poético

La poesía irrumpe y lo trastoca todo. Es el momento del éxtasis, de la transgresión de todo límite.

“Elle est retrouvée!
Quoi? -l'Éternité.
C'est la mer allée
Avec le soleil.” (13)

Vista de Cornwall, Richard Thorn.

Este instante pleno de sí, donde todos los instantes son y no son al mismo tiempo, se clava en la carne como un aguijón. El poema se ha in-corporado al poeta; el poeta se ha in-corporado al instante a través de él. En otras palabras, el poema adviene al poeta y el poeta deviene poema (14). El flujo de intensidades pasa a través del cuerpo en un ir y venir en el que ya no distinguimos al poeta del poema. ¿Y quién, después de haber gustado de este goce poético, no querría extenderlo a la vida entera haciéndose poema?

“Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.” (15)

Así pues, para tener una actitud poética no haría falta escribir poesía. Se puede devenir poeta haciendo de la propia vida el propio poema. Esto no le ahorrará a uno los sinsabores, ya que hay momentos que no se dejarán poetizar, pero le permitirá -eso sí- vivir con la intensidad que tanto la vida como la poesía requieren.

A través de ella, uno se inserta en el instante, pero ya no para echar raíces sino para deslizarse sobre él con pies de bailarín. “He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí.” (16)


Epílogo

En un deseo de hablar de poesía he escrito este pequeño post sabiendo que es insuficiente y que la poesía, al igual que la vida, excede a todo cuanto  pudiera decirse. Por lo tanto, habrá que hacer saltar por los aires todo lo que se diga al respecto - y todo lo escrito aquí- y dejarse transformar por ella.





Notas

1. Deleuze habla de dos planos del conocimiento: uno trascendente, cuya imagen es el árbol y se ancla en el ser y otro, inmanente, de crecimiento horizontal e infinito, rizomático, filosofía del devenir.

2. Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral habla de la capacidad del hombre para construir conceptos “olvidando el origen arbitrario y metafórico de las palabras”, es decir, olvidando que, en su alejamiento de la realidad, las palabras no designan las cosas.

3. Fragmento del poema 466 de Emily Dickinson (traducción propia).

4. WEIL, Simone, Ensayos sobre la condición obrera, Ed. Nova terra. Barcelona, 1962, pág. 310.

5. Lo desarrolla Octavio Paz en el capítulo Poesía y poema en PAZ, Octavio, El arco y la lira, Fondo de cultura económica. México, 1979.

6. “La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, es lo único que puede exorcizar la vergüenza o responder a lo intolerable.” (Deleuze 1999: 268). “Devenir-minoritario es un asunto político y recurre a todo un trabajo de potencia, a una micro-política activa. Justo lo contrario de la macropolítica, e incluso de la Historia, donde más bien se trata de saber cómo se va a conquistar o a obtener una mayoría” (cfr. Deleuze 2000: 292).

7. “La atención extrema constituye la facultad creadora del ser humano.” WEIL, Simone, La gravedad y la gracia, Editorial Trotta. Madrid, 2007, pág.

8. “De lo que se trata siempre es de liberar la vida allí donde está cautiva, o de intentarlo en un cierto combate.” DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, ¿Qué es la filosofía?, pág. 173.

9. PAZ, Octavio, op. cit, pág. 140.

10. DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, op. cit., pág. 112.

11. Es un devenir nómada y a la vez un cuerpo sin órganos, conceptos próximos dentro de la filosofía de Deleuze.

12. WEIL, Simone, op.cit., pág. 84.

13. Poema de Arthur Rimbaud.

14. Como ocurre con el pensamiento y el ser: “El movimiento infinito es doble, y tan sólo hay una leve inclinación de uno a otro. En este sentido se dice que pensar y ser son una única y misma cosa.” DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, ¿Qué es la filosofía?, pág. 42.

15. Extracto del poema El deseo y la palabra, Alejandra Pizarnik.

16. Del leer y escribir en Así habló Zaratustra, NIETZSCHE, Friedrich, Obras selectas, Edimat Libros. Madrid, 2012, pág. 57.


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domingo, 1 de agosto de 2021

Territorios de la escritura: Apropiarse de una habitación.

La noche desciende lentamente sobre el cielo gris de verano y, mientras engulle con sus sombras las calles de la ciudad, una habitación se ilumina, quizás más tempranamente que las vecinas; se diría, incluso, que con urgencia, como quien estuviera esperando una cita y contara los minutos hasta la hora convenida. Si nos acercamos un poco a la ventana veremos un arsenal de libros descansando sobre el escritorio, varios cuadernos, un ordenador y numerosas pequeñas velas dispersas por los estantes de la librería. Podría parecer Navidad si por Navidad entendemos la fascinación por las luces y el calor del hogar, pero, como digo, todavía estamos en la estación seca y más concretamente, en agosto.

Escritorio de Virginia Woolf

Todo está dispuesto como si de un altar se tratara, pues algo tiene de altar el lugar donde el escritor se entrega al solitario amor por las palabras: un minucioso ritual, un don que se hace ofrenda, una obediencia ciega a un impulso que nace en lo más profundo de su ser... Y es que, como dijo Deleuze, el "creador no es alguien que trabaje por placer (...) es alguien que tiene una necesidad absoluta" (1), necesidad de cuya obediencia -en palabras de Nietzsche- depende la obra creadora. Razón por la cual se da en su naturaleza una "inversión de valores" (2) que le hace comenzar su verdadero trabajo cuando la ciudad regresa a sus casas a descansar.

Virginia Woolf en su casa.

Pero el escritorio-altar no siempre ha sido tal cosa para un escritor, al igual que la habitación no le ha pertenecido a su dueño desde el primer momento, por mucho que lo diga un contrato o lo corroboren los testigos. Para tener una habitación y un escritorio propios no basta con su existencia material, ni con las quinientas libras que nuestra querida Virginia allá por el año 1928 instaba a las escritoras a ganar. Se necesita, además, tiempo para apropiarse del terreno -ajeno aún- y desprenderlo así de su extrañeza; tiempo para hacer que las paredes, que tan sólo emiten un eco sordo a nuestro paso, comiencen a emitir sonidos legibles y tiempo para acompasar la diversidad de ritmos al son de un mismo baile creador. Un juego de dar y tomar, de vencer y dejarse vencer hasta conseguir que no se distingan vencido y vencedor, conquistado y conquistador y, rendidos al fin, uno y otro celebren sus bodas en la oscuridad.

Marguerite Duras.

Al hacer de la habitación, del escritorio, el objeto de su deseo, el escritor, la escritora, se (re)territorializa en ellos; el terreno deviene su territorio (3). Una vez en él tiene ya gran parte de la batalla ganada, pues "la obra de imaginación es como una tela de araña: está atada a la realidad, leve, muy levemente quizá"; es obra "de seres humanos que sufren y están ligad[o]s a cosas groseramente materiales"(4) y esa misma materialidad en que las ideas -y la escritura como creación de éstas- hunden sus raíces (5) será la espada de doble filo que todo escritor deberá atravesar. De una parte, se alimentará de ella; de otra, la deberá hacer pasar -si es que lo logra- por el fino tamiz de la escritura. Su labor está -y allí está la clave- en trasformarla en símbolos (6) de tal forma que uno no se percate de tal transición.

     605
     La Araña sostiene un Ovillo de Plata
     En su Mano invisible-
     Y mientras baila despacio para Sí
     Su Hilo de Perla –ella Devana-

     Aplicada va de Nada a Nada-
     Insustancial Industria-
     Que suplanta nuestros Tapices con el Suyo-
     En la mitad de tiempo-

     Una Hora para alzar supremos
     Sus Continentes de Luz-
     Después el Ama de Casa hará colgar de la Escoba-
     Esos Confines –ya olvidados- (7)

Esta indiferencia de la que habla el poema de Emily acentúa las dificultades, ya que el "mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los necesita", lo que hace que "escribir una obra genial" sea "casi una proeza". Pero podría encerrarse en su habitación -dirán-, ponerse una venda en los ojos, taparse los oídos. Sí, pero, por desgracia "al artista le importa excesivamente lo que dicen de él", es más que nadie consciente de que "[al mundo] no le importa nada que Flaubert encuentre o no la palabra exacta ni que Carlyle verifique escrupulosamente tal o cual hecho." (8) A fin de cuentas se trata de lo que Deleuze diagnosticó como la incapacidad para admirar de su época, que no es sino una forma -quizá la más bella- de amar. "¿Por qué ha cesado Alfred de cantar
She is coming, my dove, my dear?
¿Por qué ha cesado Christina de contestar
My heart is gladder than all these
Because my love is come to me?" (9)

"Falta candor, falta poesía", reza un poema de Alejandra Pizarnik. Y con ella nos dolemos poetas, escritores y artistas, se duele la belleza ignorada y pisoteada, crimen de la humanidad. ¿Cómo sobrevivir a esa indiferencia? Y "luego está el pensamiento de este don que [es] un martirio tener que esconder, un don pequeño, quizá, pero caro al poseedor" y que provoca no pocos sufrimientos, como el de tener que "estar siempre haciendo un trabajo que no se desea hacer y hacerlo como un esclavo, halagando y adulando", lo cual trae consigo "el veneno del miedo y de la amargura" (10). Ese otro trabajo que "a veces le avergüenza, el que casi siempre provoca el pesar de orden político más violento de todos" (11) y del que uno de buena gana se desharía para poder dedicarse por completo a su pasión. ¿Quién inventó entonces la expresión ganarse la vida como sinónimo de trabajar? lanza Alejandra al aire con amargura.

Alejandra Pizarnik en su escritorio.

Escribir es entonces un acto de resistencia contra la indiferencia, contra la mediocridad, contra la realidad insuficiente, contra la realidad caduca, contra la muerte, contra la falta de candor, de poesía. En definitiva: contra la falta de amor. Porque, a pesar del acto solitario de la escritura, necesario para establecer un vínculo con las palabras, la obra de creación "hace presentir el advenimiento de un pueblo" cosa de la que es del todo incapaz y al que "sólo puede[n] llamar con todas sus fuerzas" (12).


Epílogo
Seis meses han hecho falta para poder escribir desde una habitación y un escritorio propios este post, casi un siglo después de que Virginia Woolf escribiera esa magnífica obra que tanto cito aquí y que hoy sigue pareciéndome de tremenda modernidad gracias a la brillantez y amplitud de miras con la que aborda un tema como es el de la escritura de las mujeres. Hemos avanzado, quizás, en que ya no es tan raro como entonces encontrar libros escritos por una mujer -algo de lo que ella estaría tan orgullosa-. Al contrario, ahora hay un esfuerzo considerable por publicar libros de y sobre ellas. Sin embargo, quizás falte un intercambio más fluido entre la literatura de diversos géneros, un trabajar más en conjunto para enriquecerse mutuamente, lejos de los intereses comerciales que se imponen siempre en el mercado. A pesar del tiempo transcurrido desde que Virginia publicara A room of her own hay muchas trabas que una escritora debe salvar para poder escribir con la libertad que supone la independencia, no ya económica sino ideológica. Hay mucho que trabajar aún.

Referencias
(1) DELEUZE, G. (1987). Qué es el acto de creación, Conferencia de Gilles Deleuze en la Femis, París.
(2) Así llama Marguerite a esta condición en DURAS, M. (2020). Escribir, Barcelona: Fábula Tusquets Editores, pág. 52.
(3) Para consultar los términos de la filosofía de Deleuze y Guatari: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2007/07/f-guattari-glosario-de-esquizoanalisis.html
(4) WOOLF, V. (1986). Una habitación propia, Barcelona: Seix Barral. 
(5) Singer, D. (2020-presente). Tener una idea es algo raro. Homenaje a Gilles Deleuze [nº 13] [Episodio de Podcast]. En Filosofía a la gorra . Spotify. https://open.spotify.com/episode/09sVcyGH3Ke9YtWATvuxvw."El pensamiento no es abstracto", habla sobre el carácter concreto de las ideas en Deleuze. 
(6) Letra Latina Ediciones (2019) Entrevista a Jorge Luis Borges de 1976 completa! [Archivo de video]. Youtube. https://youtu.be/Tst6vLOqfa0
(7) Poema de Emily Dickinson traducido por Amalia Rodríguez Monroy
(8) WOOLF, V. op.cit.
(9) Aquí se refiere Virginia a los poetas ingleses Alfred Tennyson y a Christina Rossetti.
(10) WOOLF, V. op.cit.
(11) DURAS, M., op. cit. pág. 52.
(12) DELEUZE, G. y GUATTARI, F.  (2001). ¿Qué es la filosofía?. Barcelona: Anagrama, pág. 111.

jueves, 21 de mayo de 2020

Personas: fotografía urbana II

Al hilo del anterior post de fotografía donde la ciudad era la protagonista traigo otra serie de fotografías donde las personas son el foco de atención. Porque, ¿qué es una ciudad sin personas? Como hemos visto estos meses, las ciudades, donde reina el bullicio y las prisas se han visto abruptamente interrumpidas por un silencio sepulcral, dotándolas de un halo fantasmagórico más cercano a la ciencia ficción, a Giorgio di Chirico o a movimientos artísticos colindantes con el existencialismo. Unos han visto una molesta interrupción de sus planes, otros, una oportunidad para regresar a otro tipo de vida quizás más acorde a un sentir primigenio del ser humano, más cerca de esa tierra que vamos olvidando entre el humo de los coches y la conquista insaciable de una civilización que arrincona cada vez más el suelo que le da la vida. Pero si hay algo que necesitamos ahora más que nunca es el calor humano, que no puede sustituir ninguna tecnología y que solamente el arte puede paliar hasta que podamos otra vez reunirnos, como hemos hecho desde que el hombre es hombre.

Nota: Las fotos están hechas con el móvil (como en el anterior post), son de Valladolid, Las Palmas y una de Bilbao. La más antigua es de 2014, que se nota por la calidad tan borrosa. La mayoría son en blanco y negro, pero hay excepciones que "piden" el color, los "patitos feos".


Esta pieza de Bach reinterpretada por el Jaques Loussier Trio me traen a la memoria ese trajín previo a las reuniones con quienes queremos. Magnífico compositor francés que ha sabido sacar jugo a muchas obras clásicas, no sólo de Bach, llevándolas al jazz. 

La vida cotidiana





Espectación



En el teatro de calle de Valladolid.
Escuchando a Farhadi en un viaje exprés a Madrid ¡sólo para escucharle! Da para una historia.

Música, of course



Alegría manifiesta

Frase que decía mi abuelo cuando nos reuníamos todos en familia. En su honor.



Ciudad de tradiciones





Oasis en medio de la ciudad

Esta es una de los "patitos feos", pero, aunque en blanco y negro queda muy bien no me resisto a estos colores, que me recuerdan a Canaletto.
Aquí yo también venía a leer. Realmente era un oasis. Esto sería en primavera.




Esta es otra de hace mucho tiempo y baja resolución, pero los colores que yo vi -no tanto los que se ven-
y la estampa me robaron el corazón.

Ciudadanos del mar

Marineros rusos en el Sedov en su paso por Las Palmas. Enero de 2020.
Esta foto es del 20 de mayo de 2014 y, aunque la resolución es bastante mala le tengo mucho cariño por el momento especial que capté casi sin darme cuenta. Esto es en la avenida marítima, en Las Palmas y la saqué desde el otro lado de la autopista. Por suerte no pasaban coches justo en ese instante.