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jueves, 18 de diciembre de 2014

Kandinsky y la consagración de un nuevo arte.


Calle de Murnau con mujer, W. Kandinsky, 1918.
Uno de los más famosos pintores pioneros del "nuevo arte" fue, sin duda, Vassily Kandindsky (Moscú, 16 de diciembre de 1866- Nully-suer-Seine, 13 de diciembre de 1944). Bajo su poderosa influencia han nacido otras muchas tendencias abstractas del arte, no sólo ejercida mediante su genuina y novedosa pintura sino también, mediante su no menos importante obra teórica. Hace dos días conmemorábamos el aniversario de su nacimiento y aprovecho la ocasión para hablar un poco de un tema que ya rondaba en mi cabeza.


 Composición VII, W. Kandinsky, 1913.
Mi interés aquí es el de cuestionarnos qué llevó a Kandinsky a dar este salto tan grande en la concepción del arte. Como ocurre siempre, confluyen aspectos biográficos junto con otros inherentes a su tiempo (tal como comentábamos en el post de sociología del arte vienés). En 1910, a sus 44 años, terminaba su manuscrito De lo espiritual en el arte, que fue muy discutido en aquellos años. En él volcó diez años de pensamientos con la intención de despertar la capacidad de captar lo espiritual en lo material y abstracto. Muchas de las ideas que allí propuso y que no realizó, las llevaron a cabo otros artistas. Lo curioso es que, prueba del poderoso influjo de las circunstancias históricas es que, sin tener conocimiento de ello y casi simultáneamente,  cristalizaban en otros países ideas parecidas a las del moscovita. Franz Kupka y su orfismo-París, 1911-, Kasimir Malevich y su suprematismo-Munich, 1913- y Piet Mondrian y su neoplasticismo holandés- Holanda, 1913-. Diferentes nombres pero la misma esencia: dejaron de tomar la realidad como modelo- realismo- para proclamar la independencia total del color y de la forma- abstracción-.

Piet Mondrian.
Suprematismo, Malevich, 1915

Blanco sobre blanco, K. Malevich, 1918.
La ruptura de la estabilidad generada por los avances científicos tuvieron su parangón en el mundo artístico. La Teoría de la relatividad de Einstein (1905), la desintegración del núcleo del átomo de Rutherford (1919) en cierta manera, son el correlativo de otras rupturas. En la música, el pacífico mundo de la armonía consonante se quiebra  con la irrupción del dodecafonismo de Schömberg y el atonalismo, de armonías disonantes a las que todavía hoy no ha logrado acostumbrarse el oído. En las artes plásticas, la falla, precedida por los efímeros ismos- impresionismo, postimpresionismo, cubismo, fauvismo...- es ahora más radical. Se rechaza la imitación, se incluye lo feo en la representación, lo estridente, se representan formas puras (círculos, cuadrados, puntos, líneas) y la vorágine desemboca en el cuadro Blanco sobre blanco de Malevich, la abstracción total de la pintura. Tiene su claro eco 44 años más tarde (he caído en la cuenta mientras escribo) en la composición musical de John Cage 4'33" y su silencio total. Bien podría haber sido el canto del cisne de las artes, pero sí fue el final de uno de sus caminos.

The rite of spring- La consagración de la primavera, Igor Stravisnky (1913).

En esos años Henry van de Welde escribió su tesis  doctoral (Kunstgewerbliche Laienpredigten, Lepizig, ed. Hermann Seeman Nachfoger, 1902) en la que augura el futuro de las artes. <<Las banales teorías de la imitación, que dominan nuestra estética gracias a la dependencia absoluta de los conceptos aristotélicos (...) nos han vuelto ciegos a los valores psíquicos que son punto de partida  y meta de toda producción artística. (...) Pero junto a esta metafísica de lo bello existe otra superior que abarca el arte en toda su dimensión y que más allá de toda interpretación materialista se manifiesta en toda la creación. Esta (...) se basa en la idea de que toda producción artística no es sino la constatación continua del gran enfrentamiento en que se encuentra desde los comienzos (...) el hombre y su entorno.>> (1) El mundo contiene trigo y paja, realidades bellas y feas y esto es lo que aquí se acepta y el arte también lo hará. (2)

In blue, W. Kandinsky, 1925.
Kandinsky tuvo dos impresiones artísticas que contribuyeron a fraguar el cambio de rumbo: <<La primera fue la exposición francesa en Moscú- en primer lugar el Montón de Heno de Monet- y una representación de Wagner en el Teatro Imperial de Lohengrin. (...) De pronto vi por 1ª vez un "cuadro". El catálogo me aclaró que se trataba de un montón de heno. Me molestó no haberlo reconocido. (...) Sin embargo comprendí con toda claridad la fuerza insospechada, hasta entonces escondida, de los colores, que iba más allá de todos mis sueños.>> y he aquí la clave: <<Al mismo tiempo se desacreditó por completo el objeto como elemento necesario del cuadro.>> A partir de entonces su pintura irá cambiando hacia una abstracción cada vez más radical con formas puras formadas a partir de líneas, no ya del color. En una sinestesia perfecta, el color crea emoción y las líneas, colocadas de forma estudiada, producen ritmo y una tensión al modo de la música. Kandinsky revolucionó el arte aunque no halló el éxito en vida. Él nos enseñó a disfrutar del arte sin necesidad de ver la realidad plasmada en ella. Lo desmaterializó, le dotó de musicalidad acercándose y acercándonos a lo espiritual a través del arte.

Composición X, W. Kandinsky, 1939.

Notas
(1) Max Bill en la introducción de KANDINSKY, Wassily, De lo espiritual en el arte, Barral Editores Editorial Labor, Barcelona, pág. 12.
(2) Parte de esta filosofía es la que subyace en Demian de H. Hesse en relación a la bondad y maldad. El Dios Abraxas que él admira (y que según él, todos buscamos), celebra y contiene todas esas realidades oscuras del hombre. 

sábado, 9 de agosto de 2014

La intelectual y vanguardista George Sand.

Retrato de George Sand, Alfred de
Musset (1833). 
Hace poco me terminé un libro que me habían recomendado: Un invierno en Mallorca de George Sand. No es el tipo de libros que suelo leer, pues no es novela, sino una relación- aunque escrita de forma literaria- sobre el viaje que la escritora francesa realizó a esta isla el invierno de 1838. Iba en busca de un clima saludable para su hijo Maurice, que había padecido algunos ataques reumáticos, por recomendación de un matrimonio amigo, los Marliani (él, escritor francés y ella, española), y el ministro Mendizábal (amistad que me ha llamado la atención y que explica algunas reflexiones que sobre él hace).

Me gusta leer los libros sin un conocimiento exhaustivo previo para sacar así mis propias conclusiones y saborear los descubrimientos que vaya haciendo- como perlas encontradas-, mucho más apasionante que ahogarse en las aburridas y monográficas enciclopedias, a mi entender. Al abordar un tema, lo que más me interesa es encontrar las relaciones que hay entre artistas, las diversas artes o la historia. Entender que todo está relacionado nos hace la realidad deliciosamente sencilla, como es y comprensible. Al fin y al cabo, Dios es el Ser Simplicísimo (1).

Poco sabía de esta escritora, mas que era una mujer muy moderna y que había tenido una relación con Chopin. Su verdadero nombre era Amandine Aurore  Lucile Dupin, baronesa Dudevant (París, 1804- Nohant, 1876). Su carácter fuerte, en contraste con el de aquél, le ayudó a salir adelante. Era una mujer rompedora, de espíritu libre y un fino arte literario. Vestía con pantalones en una época en la que importaban tanto los códigos sociales, a excepción de las reuniones sociales. Por ello, perdió parte de los privilegios como baronesa, aunque como contrapartida, podía acudir a lugares vedados a las mujeres de su clase. Sus relaciones eran apasionadas y liberales. Tuvo muchos amantes, como Jules Sandeau- de quien tomó su seudónimo Sand- Alfred de Musset, etc. Su círculo de amigos lo componían la élite intelectual, nada menos que: Honoré Balzac, F. Liszt, Delacroix, Jules Verne, Heine, Victor Hugo y Flaubert.

Antes de conocer a G. Sand, Chopin había estado a punto de casarse con María Wodzinska, el gran amor de su vida. La boda no fue autorizada por los padres de la novia y dejó en él una amarga huella que transmitiría a través de su piano. De esta relación tengo un libro muy pequeñito que encontré en una librería de viejo muy del gusto decimonónico titulado El gran amor de Chopin, de Regina Flavio (1942). Sólo lo he hojeado y parece interesante, pues salen otros compositores de la época. Cuenta que su amigo Liszt había conocido a G. Sand y le había informado de su aspecto semi-varonil y Chopin no tenía ninguna intención de conocerla. Pero acaba el libro con el relato del día de su primer encuentro, en el verano de 1836:

"Aquella tarde, sentada cerca del piano, contemplaba estática al concertista una mujer de ojos profundamente negros, a quien había llevado a casa de Chopin por primera vez el amigo de ambos, Franz Liszt. Se llamaba Aurore Dupin, y era conocida en el mundo de las letras, de que era astro rutilante, con el seudónimo de George Sand. El destino señalaba una nueva ruta a F. Chopin."

De este encuentro, Chopin escribió en una carta: "Hoy he conocido a una gran celebridad, madame Dudevant, conocida como George Sand. Su apariencia no es agradable. De hecho hay algo en ella que indudablemente me repele. ¡Qué persona más falta de atractivo! ¿Es realmente una mujer? Me inclino a dudarlo...". Ella acababa de divorciarse de su marido Casimir Dudevant. Chopin al poco cayó enfermo de tuberculosis (aunque no lo sabrá hasta mucho más tarde) y ella comenzó a visitarle, surgiendo de ahí una profunda amistad que tornaría en amor. La relación, tildada por algunos de maternofilial, duró nueve años.

Retrato de Chopin y de George Sand, Delacroix, 1838.  

Cuando realizaron el viaje a Mallorca, en 1938, Chopin y Sand ya vivían juntos y se llevaron consigo a los hijos de ella. Pensaron que ese clima también sería favorable para la enfermedad de Chopin, aunque lejos de ello, empeoró por el clima húmedo y las lluvias torrenciales. El viaje a una isla "paradisíaca" fue para esta familia una mala experiencia a causa de esta circunstancia que agravaba una serie de contradicciones que tuvieron en la isla.

Quien no sepa que George Sand es un seudónimo masculino (para poder publicar), le chocará que la escritora haga referencia a sí misma como si de un hombre se tratara. La graciosa pluma de George Sand, aunque con suma elegancia y respeto, fue un tanto mordaz con los mallorquines. El libro es muy variado: presenta desde un análisis de la economía de la isla, sus habitantes, su arquitectura y geografía hasta la narración de excursiones y experiencias tenidas y un relato que me encantó, inspirado en las ruinas del Convento de Santo Domingo. Este relato es interesantísimo y viene como consecuencia de las reflexiones que hace acerca de la Desamortización de Mendizábal, a quien califica de héroe porque sacrificó algo necesario para el progreso de la nación a pesar de no ser entendido, pues no buscaba su provecho. Su visión desde el punto de vista de una intelectual francesa de este hecho histórico me ha abierto los ojos y merece la pena tenerla en cuenta.

Postal de George Sand escuchando a
Chopin
, Adolf Karpellus.
Es curioso que nunca nombre a Chopin, aunque quien conoce la historia siente una gran emoción cuando se hace una vaguísima referencia a él. Por ejemplo, cuenta los problemas que tuvieron para traer el piano Pleyel (de Chopin, claro), pues querían aprovecharse de ellos cobrándoles una barbaridad. O, en otra ocasión, dice de un rudo obrero que trabajó para ellos en la Cartuja de Valldemosa: "Abandonaba su trabajo y venía a colocarse detrás de la silla del ejecutante, con la boca entreabierta y los ojos desorbitados." A pesar de su estado, Chopin compuso la mayoría de sus Preludios, la Polonesa en Do menor, op. 40, o la Mazurca en Mi menor, op. 41 nº 2, entre otras. 



Polonesa C menor op. 40, nº 2, Chopin interpretada por Maurizio Pollini.

En cuanto a los paisajes y el clima, son exaltados por esta escritora romántica. No puedo por menos de hacer mención a la pintura, pues esta isla ha sido codiciada desde inicios del siglo XX (antes era poco accesible) por pintores como Hermen Anglada Camarasa, Joaquín Mir, Santiago Rusiñol y otros que venían atraídos por la insólita belleza del municipio de Pollença. De este pequeño libro deduzco una mente brillante y aguda, muy sensible a la belleza. Como mujer, me he sentido enorgullecida por el valor de George Sand que, en una época donde era difícil ser más que una simple dama, se hizo valer, no con reivindicaciones feministas simplistas, sino con su propio arte.

Camarasa (Pollença).
Camarasa (Pollença).
Torrent de Pareis (Mallorca), Rusiñol.

(1) DE HIPONA, San Agustín, La ciudad de Dios, Imprenta real, Madrid, 1797, Tomo II, capítulo X.
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