miércoles, 29 de junio de 2022

La pasión poética I: la vida como poesía.

Una mano se alza en el aire. Mueve las falanges lentamente como acariciándolo, gira sobre sí misma y permanece suspendida en actitud de espera. Como el escultor que moldea la arcilla, entre sus dedos tienta algo que se le escapa, pero sabe que está ahí, en ese bloque aéreo. Es una palabra —le mot juste, la llama Annie Ernaux— o una imagen que ha vislumbrado como un relámpago. Tal vez ha sido el dorso de un conejo blanco que habría salido disparado mientras no estaba mirando; aunque, quizás, tan sólo se tratara de un ensueño. Cuando la invente —es decir, cuando escarbe en el silencio hasta encontrarla— la corriente de palabras, habiendo sorteado aquel obstáculo, seguirá su curso y no tendrá más que deslizarse sobre aquella como una hoja que se deja balancear por el viento.

Foto de autoría propia. 

He aquí un poema.
La mano tiembla aún. El cuerpo entero sigue conmocionado.
Ya no se es la misma persona que antes de escribirlo. Algo ha pasado entre la mano y el papel; algo, entre el cuerpo y la mano; algo más que palabras. Pero ¿qué es? ¿Es eso lo que llamamos poesía?


Foto de autoría propia.

Frente a las identidades que crecen verticalmente en raíces cada vez más profundas ejerciendo todo tipo de violencias; frente a los edificios conceptuales (2) que las ciencias levantan bajo el prestigioso nombre de la verdad y del progreso; frente a la mercantilización del mundo y su feroz expansión; frente a las guerras; frente a la barbarie y frente a cualquier forma de dominación, la poesía se presenta como una reserva de libertad desde donde abrir(se) (a) otras posibilidades de ser -y de dejar ser-, de vivir -y de dejar vivir-; de estar. “Habito la Posibilidad/ Una Casa más bella que la Prosa-/ Con más Ventanas-”, comienza un poema de Emily Dickinson, para luego, en el broche final, “albergar el Paraíso” (3).


Foto de autoría propia.

La vida como poesía: la actitud poética.

Pero, ¿es posible escribir poesía en medio de la barbarie? No sólo es posible sino necesario -escribirla, leerla, encarnarla-. Para Theodor Adorno escribir poesía después de Auschwitz era una barbarie. Sin embargo, sabemos que toda experiencia -incluso las más dolorosas- es susceptible de ser transformada, como dan cuenta los innumerables ejemplos a lo largo de la historia del arte y la literatura. Simone Weil (París, 3 de febrero de 1904- Ashford, 24 de agosto de 1943), quien vivió de cerca las duras condiciones de trabajo de una fábrica, escribiría su famosa frase después de esta experiencia: “el pueblo tiene tanta necesidad de poesía como de pan. (…) Tiene necesidad de que la propia sustancia de su vida sea poesía” (4). Y es que el arte es una forma de resistencia contra las tiranías, una pequeña máquina revolucionaria que dinamita las fronteras silenciosamente sin necesidad de moverse del sitio. De entre todas las formas artísticas, bajo las cuales subyace (5) como su elemento vivificador, la poesía es, bajo mi punto de vista, la que posee la mayor potencia revolucionaria.


Revolución poética

La palabra revolución viene del latín revolvere -volver a- y revolutio -producción de un cambio radical-. La revolución de una actitud poética consistiría en un volver sobre sí mismo: movimiento de vuelta sobre sí mediante el cual uno se transforma y transforma y en el transcurso deviene minoritario (6).

Mediante la atención extrema (7) que posibilita la creación artística, uno no busca, sino, más bien, se deja inundar, abierto el ser (8) al extrañamiento que le produce lo que no se deja decir ni apresar, aquello que sólo cabe reconocerse con el asombro de un niño. Esta atención, en primera instancia, se vuelca hacia uno, siendo así que, como explica Octavio Paz: “la revelación (...) se transforma en un abrirse del hombre a sí mismo.” (9)

En ese re-conocimiento uno contiene y libera lo que de desconocido e inaudito hay en uno, abriendo las llamadas líneas de fuga deleuzianas que propiciarán el flujo de movimiento.


Eye and beach montage, 1949, Maurice Tabard.


En esta vuelta sobre sí uno ha de des-habituarse, palabra que recuerda a la palabra francesa déshabiller -desnudarse- para que, una vez liberados de las máscaras que nos hacen ser-quienes-somos podamos llegar a ese lugar otro, a ese tiempo otro y a ese decir otro que inaugura la poesía.

El sujeto pierde la sujeción y deviene “forastero respecto a uno mismo, y a su propia lengua y nación” (10). Es un nómada (11) que atraviesa su propio desierto -¿es una ráfaga lo que le ha transformado?-, razón por la cual, ante la pregunta por la identidad, Alicia, como les ocurre a los poetas y místicos, balbucea: “Pues verá usted, señor…, yo…, yo no sé muy bien quién soy, ahora, en este momento”.

Y en ese instante de anonadamiento, en donde uno no sabe quién es, las posibilidades se multiplican. “Ser nada para ocupar en el todo el verdadero lugar de uno”, (12) escribe Simone Weil. La nada y el todo: los extremos se tocan.


La in-corporación del instante: devenir cuerpo poético

La poesía irrumpe y lo trastoca todo. Es el momento del éxtasis, de la transgresión de todo límite.

“Elle est retrouvée!
Quoi? -l'Éternité.
C'est la mer allée
Avec le soleil.” (13)

Vista de Cornwall, Richard Thorn.

Este instante pleno de sí, donde todos los instantes son y no son al mismo tiempo, se clava en la carne como un aguijón. El poema se ha in-corporado al poeta; el poeta se ha in-corporado al instante a través de él. En otras palabras, el poema adviene al poeta y el poeta deviene poema (14). El flujo de intensidades pasa a través del cuerpo en un ir y venir en el que ya no distinguimos al poeta del poema. ¿Y quién, después de haber gustado de este goce poético, no querría extenderlo a la vida entera haciéndose poema?

“Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.” (15)

Así pues, para tener una actitud poética no haría falta escribir poesía. Se puede devenir poeta haciendo de la propia vida el propio poema. Esto no le ahorrará a uno los sinsabores, ya que hay momentos que no se dejarán poetizar, pero le permitirá -eso sí- vivir con la intensidad que tanto la vida como la poesía requieren.

A través de ella, uno se inserta en el instante, pero ya no para echar raíces sino para deslizarse sobre él con pies de bailarín. “He aprendido a volar: desde entonces no quiero ser empujado para moverme de un sitio. Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo a mí mismo por debajo de mí, ahora un dios baila por medio de mí.” (16)


Epílogo

En un deseo de hablar de poesía he escrito este pequeño post sabiendo que es insuficiente y que la poesía, al igual que la vida, excede a todo cuanto  pudiera decirse. Por lo tanto, habrá que hacer saltar por los aires todo lo que se diga al respecto - y todo lo escrito aquí- y dejarse transformar por ella.





Notas

1. Deleuze habla de dos planos del conocimiento: uno trascendente, cuya imagen es el árbol y se ancla en el ser y otro, inmanente, de crecimiento horizontal e infinito, rizomático, filosofía del devenir.

2. Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral habla de la capacidad del hombre para construir conceptos “olvidando el origen arbitrario y metafórico de las palabras”, es decir, olvidando que, en su alejamiento de la realidad, las palabras no designan las cosas.

3. Fragmento del poema 466 de Emily Dickinson (traducción propia).

4. WEIL, Simone, Ensayos sobre la condición obrera, Ed. Nova terra. Barcelona, 1962, pág. 310.

5. Lo desarrolla Octavio Paz en el capítulo Poesía y poema en PAZ, Octavio, El arco y la lira, Fondo de cultura económica. México, 1979.

6. “La única oportunidad de los hombres está en el devenir revolucionario, es lo único que puede exorcizar la vergüenza o responder a lo intolerable.” (Deleuze 1999: 268). “Devenir-minoritario es un asunto político y recurre a todo un trabajo de potencia, a una micro-política activa. Justo lo contrario de la macropolítica, e incluso de la Historia, donde más bien se trata de saber cómo se va a conquistar o a obtener una mayoría” (cfr. Deleuze 2000: 292).

7. “La atención extrema constituye la facultad creadora del ser humano.” WEIL, Simone, La gravedad y la gracia, Editorial Trotta. Madrid, 2007, pág.

8. “De lo que se trata siempre es de liberar la vida allí donde está cautiva, o de intentarlo en un cierto combate.” DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, ¿Qué es la filosofía?, pág. 173.

9. PAZ, Octavio, op. cit, pág. 140.

10. DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, op. cit., pág. 112.

11. Es un devenir nómada y a la vez un cuerpo sin órganos, conceptos próximos dentro de la filosofía de Deleuze.

12. WEIL, Simone, op.cit., pág. 84.

13. Poema de Arthur Rimbaud.

14. Como ocurre con el pensamiento y el ser: “El movimiento infinito es doble, y tan sólo hay una leve inclinación de uno a otro. En este sentido se dice que pensar y ser son una única y misma cosa.” DELEUZE, Gilles y GUATARI, Félix, ¿Qué es la filosofía?, pág. 42.

15. Extracto del poema El deseo y la palabra, Alejandra Pizarnik.

16. Del leer y escribir en Así habló Zaratustra, NIETZSCHE, Friedrich, Obras selectas, Edimat Libros. Madrid, 2012, pág. 57.


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domingo, 1 de agosto de 2021

Territorios de la escritura: Apropiarse de una habitación.

La noche desciende lentamente sobre el cielo gris de verano y, mientras engulle con sus sombras las calles de la ciudad, una habitación se ilumina, quizás más tempranamente que las vecinas; se diría, incluso, que con urgencia, como quien estuviera esperando una cita y contara los minutos hasta la hora convenida. Si nos acercamos un poco a la ventana veremos un arsenal de libros descansando sobre el escritorio, varios cuadernos, un ordenador y numerosas pequeñas velas dispersas por los estantes de la librería. Podría parecer Navidad si por Navidad entendemos la fascinación por las luces y el calor del hogar, pero, como digo, todavía estamos en la estación seca y más concretamente, en agosto.

Escritorio de Virginia Woolf

Todo está dispuesto como si de un altar se tratara, pues algo tiene de altar el lugar donde el escritor se entrega al solitario amor por las palabras: un minucioso ritual, un don que se hace ofrenda, una obediencia ciega a un impulso que nace en lo más profundo de su ser... Y es que, como dijo Deleuze, el "creador no es alguien que trabaje por placer (...) es alguien que tiene una necesidad absoluta" (1), necesidad de cuya obediencia -en palabras de Nietzsche- depende la obra creadora. Razón por la cual se da en su naturaleza una "inversión de valores" (2) que le hace comenzar su verdadero trabajo cuando la ciudad regresa a sus casas a descansar.

Virginia Woolf en su casa.

Pero el escritorio-altar no siempre ha sido tal cosa para un escritor, al igual que la habitación no le ha pertenecido a su dueño desde el primer momento, por mucho que lo diga un contrato o lo corroboren los testigos. Para tener una habitación y un escritorio propios no basta con su existencia material, ni con las quinientas libras que nuestra querida Virginia allá por el año 1928 instaba a las escritoras a ganar. Se necesita, además, tiempo para apropiarse del terreno -ajeno aún- y desprenderlo así de su extrañeza; tiempo para hacer que las paredes, que tan sólo emiten un eco sordo a nuestro paso, comiencen a emitir sonidos legibles y tiempo para acompasar la diversidad de ritmos al son de un mismo baile creador. Un juego de dar y tomar, de vencer y dejarse vencer hasta conseguir que no se distingan vencido y vencedor, conquistado y conquistador y, rendidos al fin, uno y otro celebren sus bodas en la oscuridad.

Marguerite Duras.

Al hacer de la habitación, del escritorio, el objeto de su deseo, el escritor, la escritora, se (re)territorializa en ellos; el terreno deviene su territorio (3). Una vez en él tiene ya gran parte de la batalla ganada, pues "la obra de imaginación es como una tela de araña: está atada a la realidad, leve, muy levemente quizá"; es obra "de seres humanos que sufren y están ligad[o]s a cosas groseramente materiales"(4) y esa misma materialidad en que las ideas -y la escritura como creación de éstas- hunden sus raíces (5) será la espada de doble filo que todo escritor deberá atravesar. De una parte, se alimentará de ella; de otra, la deberá hacer pasar -si es que lo logra- por el fino tamiz de la escritura. Su labor está -y allí está la clave- en trasformarla en símbolos (6) de tal forma que uno no se percate de tal transición.

     605
     La Araña sostiene un Ovillo de Plata
     En su Mano invisible-
     Y mientras baila despacio para Sí
     Su Hilo de Perla –ella Devana-

     Aplicada va de Nada a Nada-
     Insustancial Industria-
     Que suplanta nuestros Tapices con el Suyo-
     En la mitad de tiempo-

     Una Hora para alzar supremos
     Sus Continentes de Luz-
     Después el Ama de Casa hará colgar de la Escoba-
     Esos Confines –ya olvidados- (7)

Esta indiferencia de la que habla el poema de Emily acentúa las dificultades, ya que el "mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los necesita", lo que hace que "escribir una obra genial" sea "casi una proeza". Pero podría encerrarse en su habitación -dirán-, ponerse una venda en los ojos, taparse los oídos. Sí, pero, por desgracia "al artista le importa excesivamente lo que dicen de él", es más que nadie consciente de que "[al mundo] no le importa nada que Flaubert encuentre o no la palabra exacta ni que Carlyle verifique escrupulosamente tal o cual hecho." (8) A fin de cuentas se trata de lo que Deleuze diagnosticó como la incapacidad para admirar de su época, que no es sino una forma -quizá la más bella- de amar. "¿Por qué ha cesado Alfred de cantar
She is coming, my dove, my dear?
¿Por qué ha cesado Christina de contestar
My heart is gladder than all these
Because my love is come to me?" (9)

"Falta candor, falta poesía", reza un poema de Alejandra Pizarnik. Y con ella nos dolemos poetas, escritores y artistas, se duele la belleza ignorada y pisoteada, crimen de la humanidad. ¿Cómo sobrevivir a esa indiferencia? Y "luego está el pensamiento de este don que [es] un martirio tener que esconder, un don pequeño, quizá, pero caro al poseedor" y que provoca no pocos sufrimientos, como el de tener que "estar siempre haciendo un trabajo que no se desea hacer y hacerlo como un esclavo, halagando y adulando", lo cual trae consigo "el veneno del miedo y de la amargura" (10). Ese otro trabajo que "a veces le avergüenza, el que casi siempre provoca el pesar de orden político más violento de todos" (11) y del que uno de buena gana se desharía para poder dedicarse por completo a su pasión. ¿Quién inventó entonces la expresión ganarse la vida como sinónimo de trabajar? lanza Alejandra al aire con amargura.

Alejandra Pizarnik en su escritorio.

Escribir es entonces un acto de resistencia contra la indiferencia, contra la mediocridad, contra la realidad insuficiente, contra la realidad caduca, contra la muerte, contra la falta de candor, de poesía. En definitiva: contra la falta de amor. Porque, a pesar del acto solitario de la escritura, necesario para establecer un vínculo con las palabras, la obra de creación "hace presentir el advenimiento de un pueblo" cosa de la que es del todo incapaz y al que "sólo puede[n] llamar con todas sus fuerzas" (12).


Epílogo
Seis meses han hecho falta para poder escribir desde una habitación y un escritorio propios este post, casi un siglo después de que Virginia Woolf escribiera esa magnífica obra que tanto cito aquí y que hoy sigue pareciéndome de tremenda modernidad gracias a la brillantez y amplitud de miras con la que aborda un tema como es el de la escritura de las mujeres. Hemos avanzado, quizás, en que ya no es tan raro como entonces encontrar libros escritos por una mujer -algo de lo que ella estaría tan orgullosa-. Al contrario, ahora hay un esfuerzo considerable por publicar libros de y sobre ellas. Sin embargo, quizás falte un intercambio más fluido entre la literatura de diversos géneros, un trabajar más en conjunto para enriquecerse mutuamente, lejos de los intereses comerciales que se imponen siempre en el mercado. A pesar del tiempo transcurrido desde que Virginia publicara A room of her own hay muchas trabas que una escritora debe salvar para poder escribir con la libertad que supone la independencia, no ya económica sino ideológica. Hay mucho que trabajar aún.

Referencias
(1) DELEUZE, G. (1987). Qué es el acto de creación, Conferencia de Gilles Deleuze en la Femis, París.
(2) Así llama Marguerite a esta condición en DURAS, M. (2020). Escribir, Barcelona: Fábula Tusquets Editores, pág. 52.
(3) Para consultar los términos de la filosofía de Deleuze y Guatari: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2007/07/f-guattari-glosario-de-esquizoanalisis.html
(4) WOOLF, V. (1986). Una habitación propia, Barcelona: Seix Barral. 
(5) Singer, D. (2020-presente). Tener una idea es algo raro. Homenaje a Gilles Deleuze [nº 13] [Episodio de Podcast]. En Filosofía a la gorra . Spotify. https://open.spotify.com/episode/09sVcyGH3Ke9YtWATvuxvw."El pensamiento no es abstracto", habla sobre el carácter concreto de las ideas en Deleuze. 
(6) Letra Latina Ediciones (2019) Entrevista a Jorge Luis Borges de 1976 completa! [Archivo de video]. Youtube. https://youtu.be/Tst6vLOqfa0
(7) Poema de Emily Dickinson traducido por Amalia Rodríguez Monroy
(8) WOOLF, V. op.cit.
(9) Aquí se refiere Virginia a los poetas ingleses Alfred Tennyson y a Christina Rossetti.
(10) WOOLF, V. op.cit.
(11) DURAS, M., op. cit. pág. 52.
(12) DELEUZE, G. y GUATTARI, F.  (2001). ¿Qué es la filosofía?. Barcelona: Anagrama, pág. 111.

jueves, 21 de mayo de 2020

Personas: fotografía urbana II

Al hilo del anterior post de fotografía donde la ciudad era la protagonista traigo otra serie de fotografías donde las personas son el foco de atención. Porque, ¿qué es una ciudad sin personas? Como hemos visto estos meses, las ciudades, donde reina el bullicio y las prisas se han visto abruptamente interrumpidas por un silencio sepulcral, dotándolas de un halo fantasmagórico más cercano a la ciencia ficción, a Giorgio di Chirico o a movimientos artísticos colindantes con el existencialismo. Unos han visto una molesta interrupción de sus planes, otros, una oportunidad para regresar a otro tipo de vida quizás más acorde a un sentir primigenio del ser humano, más cerca de esa tierra que vamos olvidando entre el humo de los coches y la conquista insaciable de una civilización que arrincona cada vez más el suelo que le da la vida. Pero si hay algo que necesitamos ahora más que nunca es el calor humano, que no puede sustituir ninguna tecnología y que solamente el arte puede paliar hasta que podamos otra vez reunirnos, como hemos hecho desde que el hombre es hombre.

Nota: Las fotos están hechas con el móvil (como en el anterior post), son de Valladolid, Las Palmas y una de Bilbao. La más antigua es de 2014, que se nota por la calidad tan borrosa. La mayoría son en blanco y negro, pero hay excepciones que "piden" el color, los "patitos feos".


Esta pieza de Bach reinterpretada por el Jaques Loussier Trio me traen a la memoria ese trajín previo a las reuniones con quienes queremos. Magnífico compositor francés que ha sabido sacar jugo a muchas obras clásicas, no sólo de Bach, llevándolas al jazz. 

La vida cotidiana





Espectación



En el teatro de calle de Valladolid.
Escuchando a Farhadi en un viaje exprés a Madrid ¡sólo para escucharle! Da para una historia.

Música, of course



Alegría manifiesta

Frase que decía mi abuelo cuando nos reuníamos todos en familia. En su honor.



Ciudad de tradiciones





Oasis en medio de la ciudad

Esta es una de los "patitos feos", pero, aunque en blanco y negro queda muy bien no me resisto a estos colores, que me recuerdan a Canaletto.
Aquí yo también venía a leer. Realmente era un oasis. Esto sería en primavera.




Esta es otra de hace mucho tiempo y baja resolución, pero los colores que yo vi -no tanto los que se ven-
y la estampa me robaron el corazón.

Ciudadanos del mar

Marineros rusos en el Sedov en su paso por Las Palmas. Enero de 2020.
Esta foto es del 20 de mayo de 2014 y, aunque la resolución es bastante mala le tengo mucho cariño por el momento especial que capté casi sin darme cuenta. Esto es en la avenida marítima, en Las Palmas y la saqué desde el otro lado de la autopista. Por suerte no pasaban coches justo en ese instante.


martes, 28 de abril de 2020

Emily Dickinson: La poeta de la sonrisa.

Al igual que notamos cuando alguien sonríe al otro lado del teléfono, se puede sentir una sonrisa a través de la palabra escrita. Raras veces ocurre, acostumbrados a una cierta impasibilidad neutra con la que muchos escritores observan el mundo. Pero están los escritores y después, los poetas; la prosa y luego, la poesía. Y entre los poetas -sí, vuelvo a hacerlo, ya me perdonarán- hay una que me ha robado completamente el corazón -compartido inevitablemente con Alejandra- y esa es Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 10 de diciembre de 1830-15 de mayo de 1886).

Woman in the stairs, Carl Vilhelm Holsoe, (Aarhus, Dinamarca, 1863- Asserbo, 1935) circa 1900. Muchos de los cuadros de este pintor, que retrató a la mujer en el hogar, representan muy bien lo que habría sido los momentos de intimidad de la queridísima Emily, envueltas en silencio, pausa y recogimiento.
Si a Dickinson tuviera que ponerle música sería clarísimamente de Johan Sebastian Bach -¿lo habrá escuchado?- y en concreto, sus suites para cello. La profundidad y delicadeza de cada una de sus piezas, especialmente las lentas -Allemandes y Sarabandes- son como sus pasos elegantes por los pasillos, su detenerse en el silencio sobre la realidad más profunda con una ternura infinita.

Estos días vuelvo a ella una y otra vez asombrada por su lucidez, por la manera asombrosa que tiene de transmitir observaciones reveladoras como entre susurros. Pero lo más encantador de ella es la sonrisa que emana de cada uno de sus versos; la enigmática sonrisa de quien revela un secreto cuyo descubrimiento a ella misma ha entusiasmado y, entre divertida y asombrada al mismo tiempo por tal hallazgo, corriera a escribirlo.


1129
Decid toda la Verdad pero decidla al sesgo-
El Éxito en el Rodeo reside
Demasiado brillante para nuestro débil Deleite
La soberbia sorpresa de la Verdad
Como los Relámpagos a los Niños se calma
Con amable explicación
La Verdad ha de deslumbrar gradualmente
O todo hombre quedará ciego (1)

Tell all the Truth but tell it slant-
Success in Circuit lies
Too bright for our infirm Delight
The Truth's superb surprise
As Lightning to the Children eased
With explanation kind
The Truth must duzzle gradually
Or every man be blind- 


Su forma de desvelarla, sin embargo, es muy personal. Cuando empecé a escribir poesía me vino a la cabeza la imagen de un caramelo. Para mí un poema es como abrir un caramelo: hace un ligero ruido cosquilloso mientras lo vas desenvolviendo y al final aparece el caramelo. Pues algo así ocurre en cada poesía de Emily: al final, en las últimas líneas, la revelación, el asombro -suyo ¡y el nuestro!- por tan grande o por tan pequeña realidad encontrada. Su presentación no es de forma directa -como un caramelo al desnudo-, sino velada, -envuelta en papel transparente-. Por eso, para descubrir el significado no basta con leer, pues no es la literalidad de la palabra (como decía en un post anterior) lo que la dota de sentido, sino que hay que desenterrarlo de sus imágenes y de la aparente suavidad. Y algo característico suyo es precisamente esa suavidad engañosa con la que revela un aspecto sombrío de la existencia, haciendo de sus poemas algo siniestro.

599
Hay un dolor-tan supremo-
Que envuelve toda sustancia por completo-
Después cubre el Abismo de Trance-
Así la Memoria pueda dar un paso
Alrededor-a través-sobre sí-
Como quien en un Desmayo-
Va seguro-donde un ojo abierto-
Le depositaría a Él-Hueso a Hueso.

There is a pain-so utter-
It swallows substance up-
Then covers the Abyss with Trance-
So Memory can step
Around-across-upon it-
As one within a Swoon-
Goes safely-where an open eye-
Would drop Him-Bone by Bone.

Lady in an interior, Carl Vilhelm Holsoe, 1909.
Esta maravillosa mujer de mirada aguzada por la observación, cuyo amor a la vida se trasluce en los más pequeños detalles y en su diálogo constante con la naturaleza -una conversación de ida y vuelta- conoció también las profundidades del dolor, afrontado en muchos de sus poemas con una belleza exquisita. Desde los tonos más claros a los más oscuros grises expresados con la delicadeza con que se sostiene una perla y la hondura de un aguijón.

252

Puedo vadear la Pena-
Charcos enteros de ella-
Estoy acostumbrada-
Pero el menor impulso de Alegría
Paraliza mis pies-

Y caigo-borracha-
Que los guijarros-no sonrían-
Fue el Nuevo Licor-
¡Nada más! 

El Poder no es sino Dolor
Trenzado, con Disciplina,
Hasta que los Pesos-cuelguen-
Den Bálsamo-a los Gigantes-
Y languidezcan, como Hombres-
Denle el Himalaya-
Y lo Llevarán-¡a Él! (2)

I can wade Grief-
Whole Pools of it-
I'm used to that-
But the least push of Joy
Breaks my feet-
And I tip-drunken-
Let no Pebble-smile-
'Twas the New Liquor-
That was all!

Power is only Pain
Stranded. thro' Discipline,
Till Weights-will hang-
Give Balm -to Giants-
And they'll wilt, like Men-
Give Himmalech-
They'll Carry-Him!

El desamor, la frustración consiguiente por la imposibilidad del amor, la pérdida de sus amigos -por matrimonio, o muerte, para ella eran casi lo mismo-, su decisión de no publicar, su vida, en definitiva, en la sombra -¿elegida o forzada?- le llevaron a sus 31 años a tomar la drástica decisión de recluirse en su casa y vestirse perennemente de blanco; the white election, la llamaba. Una muestra de su férrea voluntad y su aspiración a la perfección no para ser vista sino por su postura vital. Y es que su vida era una traslación de su poesía. El blanco, como símbolo de espiritualidad, pureza, clarividencia. La reclusión, como decisión poética de mantener su libertad íntegra y dedicarse -no a las labores domésticas, que detestaba- sino a cultivarse y aguzar su mirada. Más tarde, el aislamiento fue total, sin salir de su habitación, a través de cuya puerta sólo se comunicaba con su hermana Lavinia. Pero, a pesar de todo, el asombro sigue llenando sus hojas, sus ojos, pues para ella la libertad y su imaginación estaban dentro de sí misma y no necesitaban más que de una ventana para observar las maravillas de la creación, maravillas de la naturaleza y suyas propias.

Unos meses antes de cumplir precisamente treinta y un años empecé a leer a Dickinson y cuando llegó la señalada fecha -hace muy poco- sentía ya tal afinidad con lo que representa su blanca elección que desde aquel día la hice mía. Las consonancias que encuentro en ella son infinitas. Como escribió Sábato: "No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo y oscuro de nuestro corazón" (3). La luz que irradian sus poemas -inagotables poemas e inagotable ella, como Alejandra- han iluminado mis peores días dándoles fuerza y, en los días de júbilo, los ha realzado con su vigor.

The window, Jo Oakley (London, 1946-)

Nota: Aquí no he pretendido ahondar en su biografía para centrarme en lo que significa para mí y mi visión de ella y su poesía.

Fuente:
(1) Traducción mía del original.
(2) Íbidem.
(3) Sobre héroes y tumbas.

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