Como en el café Guerbois, donde los impresionistas hacían tertulias con artistas de otra índole, hablaré de mis incursiones en el mundo de las artes bajo el prisma de una amante de la belleza, añadiendo mis reflexiones y aforismos como pequeña filósofa y esteta.
"El sol brilla. El tiempo es dulce. Es imposible no sentir deseos de mover los pies", Bob Marley.
El verano es para mí un momento en que mis poros se abren y mi alma sale a bailar, cansada de la introversión de las estaciones frías y oscuras. El deseo de explicar el mundo que me rodea y mi curiosidad intelectual se ven mermadas por una deliciosa alegría veraniega. Todo en mí es emoción. Los sentidos andan expectantes para maravillarse de un detalle visual, el sonido de los pájaros, una conversación ligera en una terraza sin más expectativa que el momento presente... Y eso me ha hecho preguntarme: ¿Me habrán abandonado las musas? o, aún peor: ¿habré perdido la ilusión por crear, por aprender y mejorar? Una sabia voz me contesta dentro de mí: ¡sólo es el verano!
Pero no todo ha sido poner la mente en blanco y dejarme llevar por las aventuras de cada día. No. Y aquí quiero dar una muestra de ello. Mi afición por las líneas y formas, los colores, la composición y las luces, tantas veces admiradas en cuadros, fotografías y filmes, se ha agudizado mucho más. Las fotos llenaron mi móvil, que se quejaban de tanta aglomeración, pero su calidad no me bastaba. Y entonces me hice hace poco con una canon 550D, que me acompaña allá donde vaya. Al menos, mientras la cabeza va calentando motores con la próxima llegada del otoño, el ojo permanece atareado. Todo tiene sus ventajas.
Esta pequeña selección la he titulado así, recordando a Tarkovski porque, al verlas con detenimiento en el ordenador, hubo algunas que me recordaron mucho a sus ambientes nebulosos y hogareños. Aunque todavía soy un poco primeriza, espero que las disfruten.
Niebla (amanecer)
Hogar
Nota: todos los derechos de estas fotografías están reservados.
Muchas personas a quienes he hablado del blog se quedan extrañadas al oír su nombre: ¿el café qué? Suena bien, sí, con esa fonética sensual propia del francés, pero no han oído hablar nunca de él, por lo que difícilmente pueden conectar con la idea que subyace. Es por eso que tenía pendiente escribir brevemente acerca de cómo nació el blog y de por qué elegí este nombre. Después de un año de rodaje creo que ya es momento de hacerlo.
(Como piezas musicales pongo dos a elegir: una es más melancólica, acorde con un aspecto muy habitual en los artistas bohemios: es una pieza de Erik Satie (Francia, 1866-1925), Gnossienne n.1; la otra es mucho más animada y no tan exacta en cuanto que es americana y un poco más avanzada en el tiempo, años '20, pero tiene ese aire alegre también propio de la bohemia y París: Begin de begin, Cole Porter en versión de Artie Shaw).
Au Moulin Rouge, Toulouse-Lautrec, 1892.
Una de las cosas que más me gustaron de la carrera de Historia del Arte fue el descubrimiento de la tan atractiva bohemia parisina. La rebeldía de unos artistas que transgredían las normas sociales de la burguesía dominante en pro de su pasión, viviendo de lo poco que ganaban al socaire de los vaivenes de la suerte y pasando su tiempo libre en cafés donde entablaban conversaciones con otros artistas e intelectuales ahogando su melancolía y desarrollando sinérgicamente su talento, me fascina. Tal vez muchos de ellos no llevaron una vida ordenada y, en ese sentido, no sean un modelo a imitar, pero conecto mucho con esa sinceridad del artista que no busca comer de su arte sino que crea porque siente que debe hacerlo, aunque por ello malviva, aunque no se le entienda en la sociedad encorsetada de valores burgueses ordenados y racionales en la que vive.
Café des Incoherents, Montmartre, Santiago Rusiñol, ca. 1890.
Desde el imperio de Napoleón III comenzaron a proliferar los cafés, convirtiéndose en lugares de encuentro para todas las clases sociales. Había una gran variedad, cada uno con una personalidad distinguida para una clientela determinada: desde cafés típicos de diferentes regiones donde iban los inmigrantes a sentirse como en casa, otros más refinados como el café de Bade, hasta cafés que seguían las modas difundidas por las exposiciones universales, como el japonesismo, orientalismo y chinerías. Como un dato curioso de esta moda, a finales del XIX se calcula que había cerca de veinticuatro mil en París. (1)
Au Café, Manet, 1869. Dibujo de Manet del Café Guerbois (!!!).
Muchos de los artistas de finales del XIX se reunían en éstos locales además de en algunos estudios de pintores. Desde que en 1866 Manet comenzara a ir con asiduidad al café Guerbois, en el número 11 de la Grande rue des Batignoles, se convirtió en el primer punto de encuentro del grupo de los impresionistas. (2) No sólo los pintores se reunían en torno a él sino más tarde también lo hicieron artistas de otras ramas, como músicos y literatos, interrelacionándose todas las artes como en la Grecia Antigua en jugosas y enardecidas discusiones intelectuales en las que se entretejerían nuevos horizontes artísticos.
Un estudio en Batignolles, Henri Fantin-Latour, 1870. Aparecen muchos de los que acudían al café Guerbois: Manet, en el centro, sentado ante el caballete retratando a Zacharie Astruc. De pie, en primer plano, Frédéric Bazille acompañado de Monet, que nos mira y a su derecha, el músico Edmond Maître y el escritor Émile Zola. Los otros son Pierre-Auguste Renoir y Otto Schölderer contemplando al pintor durante su trabajo.
Au Moulin de la Galette, Ramón Casas, 1892. Me gusta imaginar
que soy esa chica, contemplando desde el café Guerbois las obras de arte.
En aquellos años no tan lejanos solía comentar con nostalgia con una amiga de la carrera la idea de resucitar esos cafés parisinos y revivir aquellas idílicas circunstancias del arte. Queríamos hacer esas tertulias y reunir artistas interdisciplinares e incluso a científicos para impulsar el sentido de grupo que prácticamente ha desaparecido. Ahí quedó el deseo, flotando aún después de acabar los estudios, pero fue el año pasado cuando decidí llevarlo a cabo y hacer mis propias tertulias artísticas de manera virtual, mucho menos atractivas que en un café bohemio a la luz del gas pero más acordes a nuestra falta de tiempo y de compromiso, tal vez.
Mi intención es unir todas las artes, no como artífice sino más bien como mera espectadora que encuentra, porque busca, la esencia común a todas las manifestaciones artísticas; hacer del arte no una lista de títulos y descripciones enciclopédicas de las que adolecieron algunas de mis asignaturas de la carrera, sino una cuestión vital para todas las personas. Si no fuera por el arte el hombre moderno difícilmente podría conectar con la espiritualidad del mundo; éste es una manera de hacerla visible.
Una vez leí que Liszt antes de escribir sus obras transcribió al piano muchas otras de los grandes compositores y en ese proceso rudimentario aprendió de sus técnicas y de su modo de resolver problemas compositivos. Esto le sirvió de experiencia muy valiosa cuando empezó a componer. De la misma manera, lo que empezó siendo un análisis personal sobre otros artistas en este blog se convirtió a la vez y sin darme cuenta, en un entrenamiento y una fuente de inspiración para mis propias creaciones, que latían desde hacía tiempo sin saber cómo canalizarlas, escribiendo ficción. (3) Creo que esta tarea nunca acabará, como tampoco llegaremos en vida a llenar del todo nuestra sed de infinito. Y, así, seguiremos aquí en el café Guerbois, esperando unir cabos sueltos y vivir con intensidad el arte y, así también, la vida.
Notas
(1) CREPALDI, Gabriele, Gran Atlas del Impresionismo, Electa, Barcelona, 2007.
(2) Después de la guerra franco-prusiana cambiaron a otros locales como el café Nouvelle-Athènes, en el nº 9 de la Place Pigalle, además de otros que frecuentaron en aquellos años.
(3) Empecé a escribir relatos cortos en octubre del año pasado, los cuales colgaba en la sección de ficción, aunque recientemente los he retirado en vistas a publicarlos en una compilación.
Ya ha pasado un mes desde la última entrada y las ganas de hacer un nuevo post me reconcomían todo el día. En ese tiempo, he terminado mi primera novela, que me ha absorbido gran parte del tiempo pero también me ha dado muchísima satisfacción y otro relato. Pero hay otro asunto que me frenaba a la hora de escribir el siguiente post y vencer el silencio, que se había convertido ya en un grueso muro. Desde que descubrí la grandísima personalidad del cineasta ruso Andrei Tarkovski, de quien sólo había catado sus polaroids, me quedé con un hambre insaciable de conocer toda su obra y todo lo que se haya publicado sobre él. Y en eso he estado embebida desde entonces, pero siempre encuentro un documental más sobre él y la tarea nunca acaba.
Concierto de violin n. 1, 1º mov., Philip Glass.
Los grandes genios tienen una doble particularidad: por un lado, su obra, inigualable a otras, atrae hacia sí misma con una fuerza centrípeta envolvente y, por otro, obra y genio funcionan como una fuerza centrífuga inspiradora, catapultando hacia nuevos horizontes artísticos o vitales. Eso es lo que pasa cuando alguien se cruza en su vida con artistas -Artistas- de la talla de Tarkovski, que uno quiere beber de su agua, del agua que no termina nunca, del agua que sacia. Y, así, se ha convertido en uno de mis inspiradores por antonomasia y, libros como Acerca de Andrei Tarkovski (1) o Esculpir en el tiempo (2), en libros de cabecera, maná del desierto.
Tarkovski y Sven Nykvist, director de fotografía que fue a su vez mano derecha de Ingmar Bergman y que escogió por ser uno de los directores de cine al que más admiraba. Fotografía del rodaje de Sacrificio en Gotland, Suecia. Al principio hubo tensión entre ellos porque Tarkovski miraba siempre a través de la cámara pero, luego, entendió que era su forma de trabajar, cuidando hasta el mínimo detalle todos los campos de la producción. Le dio tiempo a terminar la postproducción estando ya ingresado en el hospital.
Quería expresar todo esto en un post pero, al leer otros análisis exhaustivos en la red, ese momento lo he ido atrasando lo más posible, con la idea de que si no era totalmente experta y no había leído todo no debería escribir sobre él. Hasta que hace unos días leí este consejo de Tarkovski: <<Escribe sólo lo que tú sentiste, lo que signifiqué para ti. ¡No seas neutral, jamás! Es una lección para ti para el futuro: si quieres conseguir algo en el arte (...), no seas impersonal, no tengas miedo del pronombre Yo>>. (3) Y me lo decía a mí también.
Podría hacer un análisis exhaustivo de sus películas, que dan lugar a diversas interpretaciones, como era su intención, pero sería una labor que daría para una tesis y que, por otra parte, estaría dispuesta a realizar llegado el momento. La vida de Tarkovski (Zavrazhie, Rusia, 4 de abril de 1932- París, 29 de diciembre de 1986) fue la de un hombre comprometido con su amada patria y que vivía para y por el arte. No podía entender que otros directores hicieran películas como modo de evasión; él, por el contrario, no podía disociar su vida de su obra, hasta el punto de que cada una de las siete piezas de su corpus cinematográfico expresa sus preocupaciones filosóficas y morales más íntimas y aspectos biográficos entremezclados con sueños, componiendo una especie de puzzle de su alma, de lo que él llama experiencia lírica o poesía del autor.
Fotograma de Stalker.
Tarkovski revolucionó el cine ruso y el Cine en general con aportaciones que supusieron un salto cualitativo. Luchó por hacer del cine un verdadero arte renovando hasta los cimientos su lenguaje. No hacía películas para entretener sino para conmover y por ello, para captar el sentido trascendente de la realidad, acercada de una manera bellísima al espectador, empleó un tempo lento, muy lento, que ha sido tantas veces la primera criba para los espectadores. Por otro lado, quiso romper con el hilo argumentativo literario que siempre se había seguido y formular las propias leyes de éste arte, sin depender de sus hermanas. Las escenas son trozos de realidad o de sueño, cuyo límite es a veces muy impreciso, como decía Calderón de la Barca. Esto se puede apreciar más claramente en El espejo, junto con Stalker, los poemas visuales más bellos según mi punto de vista. El espejo es su película autobiográfica por antonomasia, una serie de recuerdos sin aparente conexión que se ha convertido en otro icono ruso a la manera de los que pintaba Andrei Rublev.
Fotograma de El espejo.
Ingmar Bergman, a quien tanto admiraba y homenajeó notoriamente en su último filme -Sacrificio-, dijo de él: "Cuando la película no es un documento, es sueño; es por eso que Tarkovski es el más grande de todos los cineastas. Se mueve con tanta naturalidad en la habitación de los sueños. No explica. Él es un espectador capaz de poner en escena sus visiones en una forma difícil de manejar (...). Toda mi vida he golpeado a las puertas de las salas en las que él se mueve de manera natural..." Es por ese elemento onírico tan presente que es difícil captar a veces el significado de sus películas. Los sueños dicen cosas distintas según quién los tiene y por eso cada uno entiende cosas distintas. Quería hablar del alma y encontró en ellos un lenguaje sugerente que evoca sin decir, que habla de realidades intangibles con elementos tangibles.
Otro aspecto novedoso es el papel que juegan los actores que, lejos de lucirse como estrellas de Hollywood debían pasar totalmente desapercibidos, sin expresar sus emociones y hablar sin entonación dramática. Esto era algo común con Robert Bresson, otra de sus referencias. Tarkovski quería que fuera su interior lo que hablara por ellos. Quería presentar, ante todo, la realidad y su visión de forma naturalista, sin ninguna simbología, pero que cada elemento rezumara su espiritualidad inherente. Creo que con ello quería transmitir su esencia más íntima, desligada de su materialidad. En este sentido, me recuerda mucho a la pintura metafísica, especialmente a Giorgio di Chirico, en cuyos cuadros el silencio que hay entre los personajes es inmenso, siendo éstos una esencialización del hombre, atemporal e inmaterial que da lugar a la reflexión. En la misma línea naturalista, la importancia de los ruidos y de los sonidos de la naturaleza -la lluvia, el movimiento del agua, el fuego crepitando- prevalecen sobre la a veces inexistente música pues, con razón, opinaba que la vida ya tiene sus propios sonidos, mucho más elocuentes. Esto no es más que un reflejo de su amor por la creación; le gustaba pasar horas paseando y contemplando en el lugar más cercano a su Creador. La vida no fue nada fácil para Andrei, quien tuvo en contra a las autoridades rusas casi desde el primer momento, poniéndole trabas a sus proyectos, negándole muchos de ellos y atrasándolos al máximo, hasta el punto de enviar a uno del Goskino a Cannes (1983) para boicotearle Nostalghia -la primera película realizada en el extranjero-, lo que le impidió ganar la Palma de Oro. Entendió con eso que no le dejarían seguir trabajando bajo su sombra y tomó la decisión más dura de su vida: no regresar ni vivo ni muerto a su amada Rusia, que tanto daño le había hecho. Esos años fueron para él un infierno, no consiguió adaptarse del todo a la fuerte añoranza de su tierra.
Fotograma de Nostalghia.
Lo más sobrecogedor de todo es que él predijo en sus últimas películas su destino. En Nostalghia habla <<de la forma rusa de nostalgia, (...) un estado anímico que surge en nosotros los rusos cuando estamos muy lejos de nuestra patria.>> (4) y confiesa luego su terrible hallazgo: <<¿Cómo iba a imaginar durante el rodaje de Nostalghia que aquel estado de tristeza aplastante y sin salida, que marca toda la película, podría ser alguna vez el destino de mi vida?>> En el primer guión de su siguiente y última obra, escrito en Rusia, el protagonista está enfermo de cáncer, la misma que le llevaría a la muerte. si bien la rapidez del proceso hacen pensar en un posible envenenamiento a manos de la KGB o por las aguas residuales del rodaje de Stalker. Éstas habían causado la muerte del actor Anatoly Solonitsyn (1982) y su segunda mujer, Larissa Tarkovskaya (1998). Todas estas predicciones le hicieron recordar las palabras de Pushkin:<<todo artista verdadero es, contra su propia voluntad, profeta.>>
Fotograma de Nostalghia.
Una de las personas que más le admiró hasta la devoción y que mantuvo con él una estrecha relación durante algunos años fue el actor protagonista de La infancia de Ivan (1962) y el campanero de Ivan Rublev (1966), el entonces joven Nikolai Burlyaev. Sus palabras resumen con mucha sabiduría y belleza su vida: <<Iba siempre hacia adelante con el pecho descubierto y sobrellevaba la cruz. Se descargaba con sus películas sin concesiones, con valentía y directamente. Cantaba su canción, decía su verdad, y no por su propia prosperidad, que nunca logró, sino en el nombre de la Verdad y el Arte. ¡Qué difícil es vivir una vida así!>> (5)
Ante un mártir de la belleza, del arte y de la vida, yo me quito el sombrero. Mis palabras sobran al lado su obra, pero al menos espero que se conozca y se le coloque en el lugar que le corresponde, lejos del olvido.
Desde que nos explicaran en la carrera el concepto de la catarsis no ha dejado de rondar en mi cabeza. Una vez más, la teoría verbalizaba algo que sabía por experiencia y, al reconocerlo, provocó en mí la satisfacción del hallazgo, del choque mágico entre la sabiduría de la palabra y de la vivencia personal. Por eso, hace unas semanas, al encontrar un libro con este título no dudé en echarle un vistazo (1), Aunque no dijera nada nuevo, abriría una brecha en mi mente recordando aquellas interesantes enseñanzas que el tiempo había empolvado. Cómo no, encontré lo que esperaba: un capítulo dedicado a ella, ¿a quién sino?
La música perfecta para adentrarse en este terreno de la música y la catarsis, de sus orígenes,
es sin duda la de Hans Zimmer compuesta para la obra maestra del cine Interstellar (2014).
En los albores de la civilización occidental, cuando la bonanza económica y política dejó espacio a la mente para el disfrute de la vida, afloraron las corrientes filosóficas, los avances en las ciencias y las obras de arte. En esa era primigenia tuvo lugar la perfecta armonía entre la vida social y la expresión artística, entre la forma y el contenido. Hegel admiraba la felicidad de la grandiosa civilización helenística, del hombre todavía ingenuo y sin mancilla, cuyo final supondría para él la muerte del arte. (2) Y es que la lucidez de muchas de sus observaciones guardan aún vigencia, aunque con ligeros matices.
Las teorías más interesantes desde mi punto de vista, las formularon los pitagóricos (V a. C.) Observaron que el número era el denominador común del cosmos, no ya los cuatro elementos. Frente al caos, éste establecía orden, relacionando las partes con medida y proporción, lo que implicaba estabilidad y por tanto, perfección. Estos principios fundamentaron la Gran teoría de la belleza que dejaron una alargada estela en la historia de la estética. Platón diría: "la fealdad es la carencia de medida". Aunque los cánones de belleza hayan cambiado, todos tienen en común estos principios, añadiendo otras cualidades a lo largo de los siglos, como en el caso de Plotino (III d. C.), las espirituales.
En la misma línea, concibieron un modelo cósmico cerrado- pues la perfección es estática-. Las esferas se movían en órbitas fijas dentro de la esfera de las estrellas fijas. Se encontraban a una distancia de 1- 1/2- 2/3 que lo dotaba de suprema armonía (armotón) y por consiguiente belleza (kalón). Su giro continuo producía música: era el acorde do-sol-do, de intervalos armónicamente estables y conclusivos: 5ª y 8ª- ¡era la música del universo!-. El hombre no era consciente de este sonido omnipresente, pero su alma vibraba al reconocerla en el tañido de un instrumento. Platón atribuye la causa de este placer a que recordaba el Mundo de las Ideas, del que había sido arrojado: la llamada reminiscencia. ¿No es esto, metafóricamente, lo que realmente ocurre al escuchar música?
<<Los sonidos despiertan un eco en el alma y vibran al unísono con él. Como en el caso de dos liras que están cerca: cuando tañemos las cuerdas de una, responde la otra.>> (3) El autor del libro explica algo interesantísimo y que podría ser el fundamento de la catarsis: la estructura del oído. Tenemos unas fibras en la membrana de la cóclea que forman una especie de arpa: según qué tono captan, oscilan unas fibras u otras, igual que un instrumento. Después transmite unas señales a los receptores sensoriales, cuya distancia entre sí corresponde-¡sorprendentemente!- con una escala cromática, ordenados en series de armónicos. Esto ha dado lugar a una hipótesis interesantísima, según la cual existiría un único universo musical platónico, común a los animales y a los hombres, lo cual estaría en consonancia con las teorías pitagóricas de la música de las esferas.
En la Antigua Grecia, las artes no tenían la consideración actual quasi-sagradas sino eran lo más parecido a un oficio. Se denominaban tekné, haciendo referencia a la técnica que había que ejecutar para obtener un buen y bello resultado. Pero la música era de otra especie, un regalo de los dioses, lo que la convertía en el único verdadero arte (4). El músico estaba dotado de una sensibilidad especial para captar la música de las esferas y luego transcribirlas. Su papel era el de un mero instrumento que, enajenado, copiada bajo el dictado de las musas. ¿No es esa una bella explicación de la inspiración? (5)
Los pitagóricos creían que el alma estaba encerrada en el cuerpo y lo único que podía liberarla era la música. El hombre, en contacto con ella reconocía la armonía de las esferas y su alma salía del cuerpo para bailar. Si la medicina purificaba los cuerpos, la música purificaba el alma. Las concomitancias entre la medicina y el arte se remontan a sus orígenes. En la Grecia prehipocrática, los antecesores de los médicos eran conocidos como purificadores- kathartai- y tenían la misma consideración que los magos. Según la creencia popular, las enfermedades eran castigos de los dioses por los pecados y su tarea consistía en descubrir cómo limpiarlos. Mandaban hacer sacrificios y después celebraban ceremonias de purificación en el templo de Asclepio, en donde el componente teatral era importante. No sólo esto lo pone en relación con el arte (6), sino el propio término. Por tanto, en sus remotos inicios, la catarsis estaba en una esfera muy difusa entre la medicina, la magia y el arte. ¿No intuyeron con razón que tenían muchas cosas en común?
Descubrieron en la música un poder psicagógico- conductor del alma- pero no todas las melodías tenían un efecto benéfico. La estética era una cuestión ética: la belleza estaba ligada al bien (7), por lo que su contemplación embellecería el espíritu, mientras que la de la fealdad llevaría a hacer el mal. Esto desembocó en la doctrina del ethos, una teoría estética y ética a la vez. Clasificaron cada una de sus escalas- los llamados modos griegos- en función de si producía un buen o mal ethos- conducta-. Conscientes de su poder, el Estado controlaba qué música debía escucharse y cuál no, constituyendo un pilar fundamental de su educación (8).
Una cuestión interesante para comprender el alcance del término catarsis es conocer su etimología.Se usaba incluso previamente a Pitágoras, a quien se le atribuye y Aristóteles lo empleó en su Poética para hablar de los efectos de la tragedia ática: <<(...) y que mediante temor y compasión lleva a cabo la purgación de tales efectos.>> (9)Dejó la duda de a qué se refería con esa purgación. ¿Tomaba el término de la medicina, katharsis peri to soma (purgatio en latín), o de la religión, katharsis peri to psyche (purificatioen latín)? Es decir, ¿se refería a la purgación de la mente de malos sentimientos, o a su purificación? Actualmente se piensa que debía de tener en mente el término médico (purgatio), puesto que tendría más familiaridad con dichas fuentes que con las religiosas.
Por otra parte, si desmenuzamos la palabra y analizamos el vocablo Ka encontramos que puede que encierre algo mucho más profundo e insondable. En el Antiguo Egipto, Ka tenía un significado difícil de captar: lo relacionaban con el poder que sostiene la vida, la fuerza creativa o el alma; en la cultura hindú, era el padre de los dioses, el elemento que daba vida (10). Según mi parecer, esto coincidiría con la simbología que tenía para los pitagóricos el número uno: la esencia primigenia del mundo. Su desdoblamiento daría lugar al origen del cosmos y sus dualidades (masculino- femenino, bondad- maldad, luz- sombra). Por tanto, ¿no explicará la catarsis el regreso del yo a la esencia primigenia, al lugar de donde proviene el alma, al Mundo de las Ideas? "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?" (11) ¿Acaso no volamos a un lugar más allá de las galaxias, tan lejos pero tan cerca? ¿No se recompone nuestra alma en pedazos y nos reencontramos a nosotros mismos cuando la escuchamos a ella, la música? Tal vez sea el lenguaje que une el ser imperfecto con el Ser, el microcosmos con el macrocosmos, como un ejemplo real de agujero de gusano.
A modo de epílogo comparto un hallazgo fortuito que viene al pelo a este post. Se trata de un video con grabaciones de la NASA nada menos que con los ¡sonidos de los planetas!(12) No estaban nada lejos los pitagóricos. Es muy sobrecogedor.
Notas
Todas las fotografías son de la NASA. (1) SZCZEKLIK, Andrzej, Catarsis. Acantilado, Barcelona, 2010.
(2) Comentado en el post, A propósito de Tchaikovski y Wagner.
(3) TATARKIEWICZ, W., Historia de las ideas estéticas, p. 147.
(4) Aristóteles añade después la poesía en esta categoría superior, al ser también dictada por las musas.
(5) Sobre la inspiración en Tchaikovski: La sabiduría de Tchaikovski sobre la inspiración musical.
(6) op. cit., p. 106.
(7) Santo Tomás en el siglo XIII sistematiza los trascendentales del ser: el ser es unum, bonum, bellum y verum.
(8) Como había comentado en la conclusión del post Tolstoi & la música.
(9) op. cit., p. 111.
(10) op. cit., p. 109.
(11) Lc 24:32
(12) Leer más en las fuentes: http://www.taringa.net/post/info/18212436/Estos-son-los-sonidos-del-espacio-grabados-por-la-NASA.html y http://www.am.com.mx/leon/tecnologia/nasa-graba-misteriosos-sonidos-en-el-espacio-200162.html